Eufemismos

Eufemismos

Marzo 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Qué tan libre es la prensa y la expresión resulta una cuestión más romántica que práctica. Veo cómo toda la teoría del debido quehacer periodístico, los derechos que como profesionales nos cobijan, todo lo que aprendimos en la Universidad, se quedó en palabras, en esas que lleva el viento. Esa libertad no existe. O sí, pero a medias y una libertad en ascuas pierde todo su sentido.Es curiosa la manera tan diferente como se concibe la libertad de prensa en cada país que se supone democrático, cuyos principios en este tema, al final de cuentas, son los mismos. En países como Ecuador, el Presidente amenaza con el cierre de canales y periódicos privados para darle paso a los medios del Estado y así perseguir a sus detractores. Por otra parte, en Alemania, la libertad de prensa es un obstáculo para el ejercicio del poder público: la forma explícita como periodistas difundieron la investigación por corrupción de su Mandatario, así como las amenazas que sufrieron por indagar su vida, permitió solicitarle la renuncia.Las vicisitudes de la democracia también se ven en Colombia. Lejos de fortalecerse, ratifica que existen dudas sobre la libertad de prensa y de expresión. La información se canaliza, casi en su mayoría, a través de los bloques políticos y mediáticos (al parecer un inquebrantable matrimonio) más dominantes de este país. Entre otras cosas, vivimos de eufemismos. Sucede de una forma tan significativa, que opaca al periodismo hecho desde la otra orilla, el de las voces no oficiales, el crítico e independiente. Ese periodismo libre termina por convertirse en excentricidad y tristemente, en algo cuestionable e incómodo. En el periodismo regional pasa algo similar. Evidentemente, está un tanto relegado y pocas veces se oye con credibilidad y fuerza -que por demás merece- por estar sujeto a esquemas que reducen su labor. La condena a 18 años de cárcel y un pago de 17 salarios mínimos mensuales por injuria al periodista fusagasugueño Luis Agustín González, del periódico Cundinamarca Democrática, por una editorial que cuestionaba la gestión de la exgobernadora Leonor Serrano, es tan sólo uno de tantos casos que se presentan en Colombia. Esta sanción, además de desproporcionada, es un golpe directo a la libertad de expresión y al derecho del libre fluir de las ideas. Debemos seguir solidarios y reclamar por estas libertades, que bajo ninguna circunstancia deben ser objeto de negociación. Así como exigir por un debate abierto y franco de opiniones, donde no se estimule la censura. Por suerte, la magnífica progresión tecnológica, con el dinamismo de las redes sociales, rompe con los inconformismos, los esquemas y permite espontaneidad. Decir lo que se piensa y lo que se cree no es un abuso; abuso es coartarlo. En Colombia podemos pelear nuestro derecho a hacer un trabajo libre y abierto, con la responsabilidad de lo que ejercer un periodismo serio y crítico implica y con el temple para asumir su importante papel dentro la sociedad.***Paréntesis: De elogiar la intención del Museo La Tertulia de conservar y divulgar, en una colección que rotará cada cuatro meses, sus 1.500 piezas. Exposición que debemos visitar si queremos evitar que importantes obras de artistas nacionales y extranjeros caigan en el olvido. Sin embargo, como en no pocas ocasiones en Colombia, en especial en Cali, “faltó el centavo para el peso”: el Museo cierra a las 6:00 p.m., lo que en contravía con su propósito es una limitante para ser visitado y excluye a la ciudad de competir con capitales cuyos horarios se ajustan en beneficio de sus ciudadanos para que disfruten de eventos posteriores a sus horas de trabajo. ¿Qué clase de ciudad queremos ser? En decisiones pequeñas lo demostramos. Alejémonos de la mentalidad de provincia que tanto daño hace. Las grandes ciudades inician otra vida a las seis de la tarde, no la terminan ni la cierran.

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