Esta vez tampoco fue

Marzo 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

La Ley 1146 de 2007 ordenó incluir las cátedras de educación sexual dentro de los programas de bachillerato y universidad, con el propósito, entre varios apéndices, de cooperar en la prevención de la violencia y el abuso sexual en niños. El Colectivo Sin Embarazos en Adolescentes buscó hace pocas semanas modificar este artículo, que pretendía que la charla también fuera incluida en los grados de preescolar y primaria. Una idea brillante que se quedó en el papel, porque parece que a los jóvenes y niños, sobre todo a los más pequeños, nunca les llega su turno, no han logrado ser una prioridad para el país que habitan. Esta vez tampoco fue. Después de la demanda, la Corte Constitucional decidió dejar la Ley intacta.Un grave error el del Alto Tribunal haberse congraciado parcialmente con los argumentos del Procurador, cargados de sesgos propios de su moralidad amañada, una que no sorprende. Pero de la Corte sí, y mucho, pues si algo la ha caracterizado en los últimos años han sido sus posturas enfocadas en defender a las minorías y al individuo como ser humano real, su condescendencia y mente abierta para tratar todo tipo de temas. Un pésimo error, además, oponerse al Ministerio de Educación, que pide respeto a la Ley General de esta dependencia, que establece la formación en educación sexual en todas las edades. Una contraposición entre poderes que no hace más que generar inconsistencias y dejar a la gente desorientada o, peor aún, mal informada.Pero el más grave error es que haya pasado por alto que precisamente por la ausencia de educación en esta materia, Colombia presenta cifras aterradoras. Que una de cada cinco menores de edad esté o haya estado embarazada (Dane) o que a diario se abuse sexualmente de 122 niños, es realmente triste. Sólo dos ejemplos puntuales de los incontables que representan la realidad social de niños, jóvenes y adolescentes, quienes conocen o experimentan en su cotidianidad -muchísimas veces en sus cuerpos- además, agresiones sexuales, pornografía, prostitución infantil, VIH Sida y demás enfermedades de transmisión sexual, en fin. Todo esto, sin acceso a información o conocimiento alguno, sin chance ni conciencia para identificar, prevenir o enfrentar. Este es el contexto en el que la Corte tomó una decisión.Las cátedras son esenciales y deben ser transversales en todas las etapas del desarrollo de un niño. Educar en la sexualidad en preescolar y primaria no es hablar de promiscuidad, embarazos, enfermedades o métodos anticonceptivos. De eso claramente no se trata. Es más bien enfocarse en incentivar el respeto hacia sí mismos y hacia los demás; en conocerse y en saber, a su edad, qué es apropiado y qué indebido; es aterrizarlos a la cultura en la que viven; ayudarlos a desarrollar un criterio que les permita afrontar las situaciones a las que están expuestos, motivarlos a transmitir sentimientos y a poner límites. Es también saber responder sus preguntas.Los programas de educación sexual que han dado mejores resultados son los que abarcan todas las áreas del conocimiento, desde edades muy tempranas y durante toda la vida. Es el caso de Holanda, un país que diseñó políticas públicas para que los niños tengan una educación integral, incluyendo temas de sexualidad, desde las guarderías. El único mecanismo de defensa de una persona, su única herramienta, es el conocimiento. Por eso el papel de las instituciones educativas es clave para servir de apoyo y guía paralela a las bases impartidas en casa. Negar la sexualidad de los niños más pequeños es negar su propia existencia.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad