El verdadero héroe

Diciembre 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Con tan sólo mirarlo ante una cámara y oírlo hablar, descresta. Se desenvuelve con elocuencia, con criterio y con una madurez que denota que los vaivenes de la vida, no siempre positivos y alegres, hay que digerirlos y asumirlos si se quiere seguir dando la pelea por vivir en tranquilidad y disfrutar. Propósito que, al parecer, resulta toda una proeza en Colombia.Johan Stiven Martínez Tulcán, hijo del sargento José Libio Martínez, el secuestrado más antiguo del mundo, ha tenido una vida poco convencional, que lo llevó a cimentar un temperamento y una actitud de hierro. Nació en una familia donde faltaba el hijo, el esposo y el papá, ése que fue secuestrado hace casi 14 años en la base de Patascoy, ése que el niño reclamó cuando tuvo uso de razón. Su vínculo lo creó y lo fortaleció con fotos, cartas y pruebas de vida.Desde ahí empezó a entender los visos de la violencia, a digerir que le había tocado a él y a comprender que serían muchos los sacrificios que debía emprender para traerlo de vuelta. Y así fue como se embarco en una travesía que no tenía porqué asumir, que no pidió ni buscó, pero que sabía que le correspondía. Los juegos, la relación con sus compañeros y las ganas de ser el mejor futbolista y piloto, sus sueños de niño, se suprimieron y, a la fuerza, pasó a convertirse en un adulto más. Desde los 6 años, mientras sus amigos sólo pensaban en dulces y superhéroes, él enviaba mensajes por radio a su padre, escribía cartas perfectamente redactadas y sustentadas al secretariado de las Farc y planeaba una serie de caminatas por su liberación.No descansó. Sabía que estaba para cosas grandes. No sólo se dirigió ante la opinión pública infinidad de veces pidiendo solidaridad, no como mártir, sí reclamando lo que es un derecho y lo que resulta elemental entre padre e hijo; también coordinó una marcha de 100 kilómetros desde Ospina, Nariño, hasta Pasto, le envió una petición a Alfonso Cano, compartió escenario con Juanes y sus súplicas llegaron a los portales de información más importantes de España. Para el país y para el mundo, se convirtió en un verdadero héroe.Catorce años iba a cumplir en cautiverio el sargento Libio José Martínez cuando fue asesinado a sangre fría y en indefensión por esos criminales de las Farc, edad que pronto cumplirá Johan Stiven. Nos solidarizamos y casi que sentimos como propios estos sufrimientos. Cuánto nos gustaría acabar con estos delincuentes a punta de insecticidas, pues no son más que una plaga que corroe y desangra. El poder y liderazgo no se imponen a las patadas, señores, se trabajan y se ganan. Claro que una guerra implica sacrificios, tal vez la muerte de inocentes uno de los más nefastos; pero tanto el Gobierno y los estamentos sociales del país como las organizaciones de Derechos Humanos del mundo deben repudiar este hecho, judicializarlo y, total, buscar una alternativa para acabar con un conflicto armado interno cada vez más deshumanizado. “Que el diccionario detenga las balas”, decía Joaquín Sabina. El diálogo, por ahí empieza la solución.Johan Stiven es un héroe. No guarda rencores, ha sido valiente frente a la tragedia y, aún sin su padre, sigue con su voz firme e inquebrantable desafiando lo que no puede solucionar, lo que nunca tuvo en sus manos, pidiendo que la historia no se siga repitiendo. No descansará hasta que el último de los secuestrados de este país esté libre, mientras da la pelea por recobrar la tranquilidad y el goce que a medias ha tenido. Sabemos que su lucha no termina aquí y sabemos que está para cosas grandes.Paréntesis: Según el último comunicado de las Farc, lo de los uniformados fue “el trágico desenlace del demencial intento de rescate ordenado por el gobierno” y que “Piedad Córdoba podía dar fe de la inminente liberación unilateral” que, según ellos, estaba por suceder. Si era un hecho ¿por qué la senadora no lo comunicó al Presidente? ¿Por qué no se ha pronunciado?

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