El futuro es hoy

Septiembre 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Es asombroso, pero no menos preocupante ver cómo el medio ambiente enardece y se consume ante nosotros. En los últimos tres meses, 5.000 hectáreas de lomas y bosques se han incinerado, incluidos cinco kilómetros de los Farallones de Cali y varias viviendas invasoras. Con más de 700 incendios registrados no sólo la fauna y flora sucumben. También los cultivos de los cuales nos alimentamos y la salud de toda una comunidad. A unos 50 metros de la casa en la que vivo, el cerro se quemó una de éstas tardes. Fue aterrador ver cómo llamas tan altas como los árboles y torbellinos de calor y humo dejaban a su paso una estela negra. El ambiente ardía, el sonido de chamizos aturdía y sólo había pavesas. Ese día supe que un tipo roció gasolina y lo prendió. Esa tarde, con el ojo aguado, valoré la dispendiosa labor de los Bomberos, concebí lo vulnerables que somos ante un desastre y confirmé que algo mínimo debemos aportar como ciudadanos para proteger el lugar donde vivimos.Igual de decepcionante que es saber que detrás de las conflagraciones hay manos ociosas, aprovechadas e inconscientes, lo es la apatía de muchos caleños ante una realidad en la que mucho tenemos que ver. Somos incapaces de cuidar un recurso natural que es nuestro; que disfrutamos pero despilfarramos. Tengo el privilegio de contar con un abuelo que a sus casi 90 años aún nos insiste en la importancia –“para el futuro”- de atender y respetar todos esos elementos mínimos necesarios para vivir. El agua, el más importante. Siempre. Tantas décadas dedicado a la agricultura, viendo cómo el Valle ha dejado drenar sus caudales, lo facultaron para transmitirnos desde pequeños esa complicidad con el agua y cómo debíamos usarla. Tal vez por eso, para mí, ha sido un líquido muy preciado. Según me explicaba, los reservorios de agua que en 1954 diseñó el estadounidense David Lilienthal, como asesor de la naciente CVC y con el impulso de líderes de la región, para proteger y desarrollar todo el valle geográfico del río Cauca, nunca se culminaron. Con las sequías de hoy, es claro que carecemos de esas represas para almacenar la lluvia en época de invierno y así utilizarla en verano. Lo que no sólo evitaría tan absurdas inundaciones sino también la extracción de aguas fósiles que, de agotarse, la aridez permanente de la tierra será inevitable.Aunque hace falta fuerza en la difusión de mensajes por parte del Cuerpo de Bomberos y autoridades competentes para que la ciudadanía esté preparada y sepa cómo atender los desastres de la naturaleza, así como las formas adecuadas de utilizar y almacenar el agua, se requiere mucho más que el sentido común, que al parecer poco se usa, para podernos defender en épocas de crisis. Estamos tan desentendidos de la responsabilidad que implica hacer parte de una misma sociedad, que poco nos importa que la ciudad se esté quedando sin agua siquiera para tomar. Y como quienes no vivimos en ninguno de esos 11 barrios de Cali que desde esta semana se someten a un racionamiento obligado y tenemos ese recurso saneado –por ahora-, jamás entenderemos lo que es el desespero cuando falta. Reacciones violentas como las que se vivieron en Siloé esta semana son muestra de ello. ¿Cómo es posible que a diario la gente riegue jardines por horas con surtidores o limpie aceras, garajes y lave carros con manguera? Sólo un poco de consciencia, recordándoles que los ríos de Cali están escaseándose, que la naturaleza da pocos chances, que debemos ser miembros activos y que no hay necesidad de llegar a esa tercera Guerra Mundial, que se dice será por el agua, para darnos cuenta de que el futuro es hoy.

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