‘Dogging’

‘Dogging’

Agosto 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

El deseo del ser humano de llamar la atención parece ser un asunto natural, un impulso que lleva a límites sorprendentes. El exhibicionismo es uno de ellos. Y como en este mundo hay de todo, hay quienes disfrutan poner a la vista de otros partes o actividades íntimas que, aunque creyéramos deberían permanecer así, representan para algunos la necesidad no sólo de generarse una satisfacción propia sino, de una forma u otra, de impactar a la sociedad y de hacerla mirar hacia situaciones que están -o no- fuera del interés público. El ‘dogging’, tema viral por estos días en Cali y que traduce ‘perrear’ –sí, como en el reggaetón-, es una de las actividades exhibicionistas más apetecidas en el mundo. Así se quede con la boca abierta. Lo que pasa en los diferentes parques y zonas de la ciudad, en donde la gente se cita para tener sexo al aire libre y los asistentes deciden entre mirar o hacer parte de, es una práctica nada nueva y va más allá de ser una moda. El término nació en Inglaterra en la década de los 70. El voyerismo empezó a tomar fuerza cuando se volvió común que algunas personas espiaran a las parejas que desenfrenaban su pasión en los parques. Lo que no está claro, a manera de dato curioso, es si la expresión corresponde a que los voyeristas tomaban como excusa sacar a pasear a sus perros o a que si las parejas se comportaban como tal.Pero el exhibicionismo y el sexo grupal va muchísimo más atrás que eso. En la época medieval, por ejemplo, introducían testigos al cuarto durante la noche de bodas para refrendar la pérdida de virginidad de la mujer. Y antes, por allá en el año 200 a.C., en el mundo griego y romano se dieron lugar las famosas bacanales, fiestas en honor a los dioses Baco y Dionisio en las que se bebía y se fornicaba sin medida. Así que aquí lo nuevo es el término.Dicho por varios sexólogos, el ‘dogging’ es un tipo de fetichismo que, lejos de representar una enfermedad para quien lo practica, como muchos creen, se trata de un gusto erótico, uno en el que prima la excitación que sienten las personas de ser descubiertas, uno que es comparable con otros gustos, como el sadomasoquismo, los juguetes sexuales o las películas porno. Como en todos los grupos, hay normas básicas y, también como en cualquier actividad, hacer parte de ello requiere de conocimiento, madurez y prevención, sobre todo si se trata de un ‘juego’ voluntario, no impuesto. De ahí a que quien decida practicarlos no sea consciente o no las respete, es otra cosa.A pesar de que la tolerancia sexual ha avanzado, el sexo en grupo y el intercambio de parejas siguen siendo conceptos difíciles de digerir. A diferencia de varios países de Europa, en donde los bares ‘swingers’ y los bacanales modernos son manejados con altura, en Colombia sigue siendo un tabú. No niego que me parece una demencia que la gente disfrute de las miradas ajenas e intimidantes mientras tiene sexo con un extraño y también creo que existe un lugar para cada actividad, uno que no agreda las creencias o gustos de los otros. Por lo demás, soy de mente abierta, allá cada uno. No soy quién para juzgar. Algún gusto -sexual, por qué no- tendré yo que a otro le parezca una locura. ¿Y?Entiendo que pueda ser descarriado, sobre todo en nuestra sociedad, tanta creatividad sexual. Dejo claro que no pretendo incentivar el ‘dogging’, de nuevo, eso es problema de cada quien. Lo que aterra es que la gente mire esta práctica con un escándalo mayor al que expresan cuando ven en las calles al anciano desahuciado, al niño explotado y con hambre, a la mujer maltratada, al transeúnte robado, al hombre abaleado. Y lo que preocupa aún más es que la solución sean más cámaras, luces y agentes. Por favor. Que la Secretaría de Gobierno y los papás no vengan con lecciones morales cuando a los jóvenes de hoy poco o nada se les habla de sexo, del sexo en todas sus dimensiones y expresiones.

VER COMENTARIOS
Columnistas