Doble vía

Octubre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Soy poco conformista y muy quisquillosa con el buen servicio al cliente y la buena consecución de soluciones, sobre todo cuando se trata de entidades departamentales y municipales, cuyas prácticas deben ser ejemplo para una sociedad que poco sabe de civismo. Por eso es necesario ser coherentes, dar para recibir, exigir pero aplicar, hasta lograr esa comunicación de doble vía básica para el progreso y el bienestar común. Llevo seis meses visitando la Gobernación, pues estoy a la espera de que Rentas e Impuestos Departamentales me haga la devolución de una parte del impuesto de mi carro que quedó mal liquidado. El inconveniente no está en el tiempo que llevo esperando ni en la infinidad de llamadas sin corresponder. Lo que molesta es la falta de claridad de los funcionarios en la información que dan y el desinterés con el que atienden. La resolución no ha salido porque siempre hace falta un documento y cada mes llevo uno nuevo. Dicen que están ocupados, que tenga paciencia y entienda que tantos gobernadores en tan poco tiempo han estancado los procesos. ¿Eso qué tiene que ver con la plata de los contribuyentes? ¿Acaso son flexibles en el atraso del pago de los impuestos? ¿Acaso pagan intereses por las demoras en las devoluciones? Nos exigen cumplimiento y celeridad. ¿Y la de ellos? Que están ocupados, eso lo entiendo, pues uno ve sus escritorios inundados de papeles. Lo que no entiendo es cómo sacan tiempo –y espacio- para admirar las sandalias que vendían, en pleno despacho, durante una de mis visitas. Sólo un llamado a que, desde un principio, dejen claro el tiempo que tomará esta diligencia y los requisitos que se necesitan. Tan valioso es su tiempo como el mío y me molesta perderlo por la imprecisión y desgane en la comunicación. Eso no es un favor, es un deber. La ciudad también padece la lentitud e incumplimiento en algunos trámites. Una odisea para el ciudadano de a pie. Desde hace cinco años, residentes del barrio Guadalupe aguantan los altos índices de ruido que generan los ‘piques’ de motos que se realizan en las canchas de baloncesto junto al Coliseo del Pueblo. Después de quejas y denuncias sin respuesta, invocaron una tutela, a través de la Defensoría del Pueblo, contra el Municipio, las secretarías de Tránsito, Deporte y Recreación, el Dagma y la Policía. En julio de 2010 se falló afirmativamente y se ordenó a estas entidades adelantar, en no más de cinco días, las diligencias pertinentes para evitar estas actividades y el excesivo volumen. El problema se resolvió por un par de semanas, pero motociclistas y decibeles van en aumento. Ni hablar del deterioro de los escenarios deportivos. Nadie responde. ¿Cómo es posible que empleados públicos de alto nivel incumplan la orden del juez? Preocupa que las autoridades municipales estén más cercanas a un desacato que a solucionar los problemas de la comunidad.Si bien la ciudadanía debe cumplir con las normas y la convivencia, las entidades oficiales y sus funcionarios tienen la obligación de prestar un servicio eficaz, así como la responsabilidad de que la confianza en las instituciones se consolide y de que la gente cada vez más haga uso de esas herramientas que tenemos a la mano para hacer cumplir nuestros derechos.***Paréntesis: No sé qué tan necesario ni conveniente es que los medios –y el presidente Santos- sean tan explícitos con su estado de salud. Tanta sobrexposición acerca de su diagnóstico e inmediata cirugía no sólo genera que la gente especule y siembre dudas sobre su debida gobernabilidad. Es, sobre todo, una bofetada a muchos colombianos que a diario mueren de cáncer –no sólo de próstata- debido, precisamente, al crítico, negligente e injusto sistema de salud del país.

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