Diversidad a medias

Marzo 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Para celebrar el Día de la Madre en 2013, The New Yorker publicó en su portada un dibujo en el que aparecen dos mamás leyendo una carta en una cocina, mientras sus hijos las observan desde la puerta. Chris Ware, autor de la ilustración, explicó que no sólo se trató de un homenaje a las madres del mundo, sino, sobre todo, a las familias homoparentales. La imagen resalta el factor más sencillo y a la vez más importante dentro de cualquier familia: el amor que se profesan las parejas y cómo lo transmiten a sus hijos. Fue una portada que generó muchísimos más elogios que críticas, que mostró las cosas como son y expuso una realidad, otra que también es legítima y funcional. Pero mientras el mundo piensa diferente, abre su mente y da pasos firmes hacia la tolerancia y la inclusión, en Colombia seguimos en aguas tibias, tratando de disuadir lo que a la comunidad Lgbti por derecho, como a cualquier ciudadano y ser humano, le corresponde. Igual de tibia y de manera escueta, aunque no menos obsoleta e infortunada, la Corte Constitucional comunicó en un Tweet su decisión sobre la adopción igualitaria. Sólo puede llevarse a cabo si uno de los miembros de la pareja es su madre o padre biológico.Es una decisión que a todas luces refleja lo que somos como sociedad, todavía una tradicional y mojigata, en la que se nos hace agua la boca juzgando a los demás, sabiéndonos con principios incorruptibles, pero incapaces de ser tolerantes. Es triste ver un debate carente de peso, cada vez más excluyente e irrespetuoso, enquistado de prejuicios dogmáticos y religiosos. Sorprende que la Corte actúe en contravía a su nombre. De entrada, condicionando su fallo, restringiéndolo mejor, demuestra que no es tan Constitucional. No se trata de extraterrestres pidiendo un favor, sino de ciudadanos exigiendo que velen por sus derechos, como es deber de esta institución, así como el de garantizar la igualdad y la justicia social. Pero esta Corte, que se ha caracterizado por ser progresista, da un paso atrás, pues en la práctica no resultó ser coherente con sus precedentes. Con un fallo a medias quizás no se da cuenta que discrimina, que excluye y que siembra más prejuicios que argumentos dentro de la sociedad. El Estado no puede evitar los juicios de valor de cada individuo, pero sí es una de sus principales tareas buscar combatirlos, no agudizarlos. Es inaceptable que la discusión se vuelque a si una pareja homosexual pueda adoptar, en vez de enfocarse en si cuentan con la condición emocional, económica y moral necesarias para hacerse cargo de lo que un hijo implica. Ese es el punto neurálgico y eso es lo único que hay que proteger. El reto de criar hijos es el mismo para una pareja heterosexual que homosexual. No existe evidencia alguna que influya psicológica o socialmente el desarrollo del hijo de una pareja del mismo sexo. Las alegrías y las desavenencias ante cualquier situación existen en ambos hogares; y el amor y el respeto no lo garantiza el hecho de venir de parejas compuestas por un hombre y una mujer. La esencia de las personas, cualquiera que sea, no distingue género. Como un excelente y amoroso padre se ha desenvuelto el político y periodista Felipe Zuleta, quien luego de adoptar una hija junto con su hoy exesposa, se dio cuenta de su homosexualidad. A ella le ha dado un hogar sólido y sin traumatismos. El mismo en el que ha crecido Sebastián Villalobos, un youtuber bogotano de 19 años, mayor de tres hermanos, que vive con dos mamás en un hogar en el que se siente feliz y en el que se desarrolla sin traspiés ni confusiones.En este país no estamos acostumbrados a escuchar la verdad ni a llamar las cosas por su nombre. Es esencial que empecemos a aceptar y, sobre todo, a apoyar la pluralidad de sus habitantes. Un país que respeta la diversidad en todas sus expresiones es realmente un país en paz.

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