Delirio colectivo

Diciembre 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Desde que se posesionó, Barack Obama le dedica un importante tiempo de su agenda a atender las inquietudes de los estadounidenses, quienes cuelgan sus comentarios y dudas en Youtube para que, después de una votación entre internautas, el mismo Presidente las responda durante su ‘Sesión Anual de Preguntas a Obama’ a través del mismo portal. En su última exposición en la red, 198 de las 200 más votadas fueron sobre política de drogas. “Un tema totalmente legítimo de debate”, fue su respuesta. Y aunque por allá el tema no ha pasado de ahí, porque nada se ha vuelto a decir, su réplica generó sorpresa y expectativa sobre una cuestión que hasta hoy se trata por encimita. Igual de sorpresivas fueron las declaraciones de Santos durante su última visita a Londres, donde expresó la necesidad de incluir en el debate de la lucha contra el narcotráfico la posible legalización de las drogas en Colombia. Que ambos países se pronuncien en ese sentido, a la larga, tiene un gran simbolismo a nivel mundial. Gran historia han construido por décadas en inteligencia e inversión para reducir el poder, las redes ocultas, el negocio internacional y hasta las muertes que se han gestado en torno a las drogas; y en especial, a esa oscilación entre combatirlas o convivir con ellas.Sí, de la legalización hemos oído hablar a legisladores, grupos estudiantiles, organizaciones de la sociedad civil, autoridades, medios. Pero esa contienda siempre termina siendo un tema coyuntural, efímero. Así que cuando Santos lo sugiere, la discusión toma otra perspectiva. Tal vez tenga un tinte distinto el hecho de que sea el primer mandatario en ejercicio en abrir el debate; tal vez él es consciente de que la guerra en este país no ha sido del todo eficaz, pues el consumo y la producción siguen aumentando; tal vez entendió que la evolución no puede darse únicamente en el discurso. Colombia tiene la autoridad moral de repensar los esquemas, por eso celebro la posición alternativa que adquirió el Presidente. Pertenecemos a una sociedad cada vez más prohibicionista y lo importante es empezar, a sabiendas de que los cambios son graduales. Lograr un consenso con el resto de países de América Latina y alcanzar una proyección internacional más proactiva son los grandes retos. Eso sí, a la par con un cambio de mentalidad de los ciudadanos de toda estirpe, más abierta y menos moralista. A veces no nos damos cuenta que el delirio colectivo son pendejadas infundadas y que lo que atenta contra los valores es la intolerancia, hacer el ‘fo’, el no saber vivir en la diferencia.No conocemos los efectos de una legalización porque todo ha sido teórico y sólo tenemos la experiencia de países como Holanda y Portugal, que inteligentemente le han apostado a la prevención del consumo de estas sustancias y a la reducción del riesgo que ello implica, lo que resalta en una sociedad más igualitaria y madura. Es necesario que se exijan reglamentaciones, acompañadas de políticas y campañas definitivas, pero el Estado no puede llegar al punto de disponer qué actitudes o comportamientos son lícitos a nivel individual. En Colombia, 25.000 personas mueren cada año debido al tabaquismo. Durante el 2011, se registraron más de 900 accidentes de tránsito, de ellos 235 con víctimas mortales, relacionados con el consumo de alcohol. Ambas drogas legales. El hombre viene usando la marihuana desde hace más de 6.000 años como virtud medicinal y para relajar tensiones. Hay que decir que hoy no se conoce ningún caso de muerte atribuida al cannabis. ¿Qué determina entonces esa dicotomía entre lo que está bien y lo que está mal? ***Paréntesis: Feliz Navidad y la mejor energía para el próximo año. Un abrazo espichado para todos y nos leemos nuevamente el 27 de enero de 2012.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad