Cuestión de semántica

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Leí un tuit hace unos días que decía que justificar algo de...

Cuestión de semántica

Mayo 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Leí un tuit hace unos días que decía que justificar algo de la vida real con la Biblia es lo mismo que justificar el clima con el Almanaque Bristol. Nace, por supuesto, después de que el Congreso hundiera el proyecto del matrimonio igualitario en Colombia, en medio de un inocuo debate que sobresalió por sus tintes morales. Sin menospreciar el importante papel que juega la fe como base de la vida, es absurdo que la religión haya sido el principal obstáculo -así como el Procurador, el mesías más temido- para que no se le otorgara a la comunidad Lgbti los derechos y las libertades que merecen. Desde Adán y Eva a un mundo con una población actual de casi siete mil millones de habitantes, mucho ha evolucionado, todo ha evolucionado y en eso no hay poder selectivo que valga. Por eso me encanta y celebro acciones como las de Roberto Francisco Daniel, un cura de Sao Paulo, quien prefirió dejar sus hábitos antes que seguir la orden del Obispo de pedir perdón por haber dicho que “es posible que dos personas del mismo sexo se amen, así como Jesús amó a todos, independientemente de su condición.” La última misa, ante miles de entristecidos seguidores, fue la semana pasada. Pocas personas, como él son consecuentes y entienden que en ciertos cambios la pauta no la marcan ni una iglesia ni la política, sino la misma humanidad y sus necesidades, las de la naturaleza. Y con este Congreso que tenemos, con el que poco contamos, no podíamos esperar nada distinto. Unos parlamentarios que brillan por su ausencia -literalmente-, que cero protegen el bienestar de quienes los eligieron -muchos de ellos homosexuales-, que lejos están de salvaguardar el Estado Social de Derecho que protege a las minorías, que es aventajado y a la vez retrógrado, no podía actuar diferente. Muy infortunado que no le hayan dado la seriedad y profundidad que requería el tema. Muy mal que haya estado enfocado más en postulados religiosos que constitucionales. Primó la devoción sobre la obligación. El Congreso demostró de nuevo que no solo le queda grande legislar sobre temas coyunturales, también que sigue de espaldas a la sociedad y que sus hechos son segregacionistas.¿Por qué el presidente Santos no se ha pronunciado? El País de España, a la vez que le dedicó gran espacio a enaltecer sus posturas liberales en torno a la restitución de tierras, la reparación de víctimas y la salida dialogada al conflicto, no escatimó líneas en cuestionar el silencio que ha mantenido en una materia tan progresista como el matrimonio igualitario. Otro que brilla por su ausencia.Esta lucha es inatajable, a pesar de las siete caídas que ha padecido en el Congreso lo últimos 13 años. Por fortuna, mientras la comunidad Lgtbi logra en forma sus derechos, como los suyos o los míos, una sentencia de la Corte Constitucional les permite a las parejas homosexuales, a partir del 21 de junio, acercarse a las notarías para solemnizar su unión y así acceder a los derechos de seguridad social y patrimonial de su pareja. Y así el trámite se llame ‘contrato de solemnización del vínculo marital entre personas del mismo sexo’, lo mismo da que se le llame matrimonio gay. Cuestión de semántica. Porque al menos para mí, es un matrimonio. Lo que viene ahora es una revolución silenciosa, que tendrá como sede las notarías, en donde la misma práctica social irá abriendo camino a una sociedad, ojalá, más tolerante. Lo que se diga y cómo se diga no cambia la realidad -ni la dignidad- de la humanidad. Estoy segura que Colombia se va a sumar a la lista de países en donde el matrimonio gay está legalizado. La pregunta es cuándo.

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