Cero

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Cualquier persona, no importa el lugar que habite, es consciente de cómo...

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Abril 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Cualquier persona, no importa el lugar que habite, es consciente de cómo el ser humano indebidamente ha echado mano de su entorno y de sus recursos naturales. Al tiempo, esas mismas personas luchan por encontrar la manera de evitar o reversar los problemas que sus propias acciones han generado. La eterna dicotomía del hombre. Y mientras tanto, el planeta agotándose, literal.Reducir, reutilizar y reciclar. Tres erres de las que siempre hemos oído hablar, incluso de las que estamos curtidos en su definición y a las que sin duda se les reconoce su importancia, pero ¿qué tanto se pone de verdad en práctica? Reutilizamos una que otra cosa, sí, y reciclamos un poco más. Pero esa primera erre, aunque la pronunciamos, recibe poca atención. Quizás porque reducir, como cualquier otro hábito, implica esfuerzo y constancia, cualidades que el lado ambientalista que habita en cada uno de nosotros aún no manifiesta del todo.Estamos dispuestos a realizar acciones que generen impactos ambientales positivos, siempre y cuando no nos quiten tiempo ni nos cuesten. Cerramos la llave del agua mientras nos cepillamos o enjabonamos, apagamos las luces que no usamos, buscamos darle nuevos usos a los diferentes objetos que tenemos, clasificamos una que otra basura, en fin, pero al final resultan siendo paliativos -también significativos, hay que decir. ¿Suficientes? Para pensar. Nada parece serlo, cuando el mundo entero sigue asentando sociedades explotadoras, consumistas, individualistas y poco solidarias, comunidades en las que la cultura del comprar, usar y tirar es lo habitual. Producimos tanta basura como desperdicio y sí, al tiempo que reutilizamos y reciclamos. Hay personas que realmente asumen el medio ambiente como una extensión de sí mismos, quienes sienten que tienen una deuda grande con el planeta y buscan las maneras para, con real convicción, reducir. Gente que cree en el valor de lo simple, que piensa que volver a lo elemental significará un gran cambio.Lauren Singer vive en Nueva York, se graduó como especialista en estudios ambientales en NYU, tiene 23 años y de esos, tres los ha dedicado a llevar un estilo de vida ‘Cero Basuras’. Eso se traduce en que la cantidad que ha producido durante ese tiempo cabe en un tarro de vidrio de 16 onzas. Todos sus desperdicios dentro de un envase de mermelada. Los redujo en más de un 90%. En su casa no hay basureros.Esta consigna es mundialmente conocida como ‘Zero Waste’ y crece de forma sorprendente. La de Lauren es una filosofía loable. Eliminó las bolsas y los empaques de plástico, la comida la adquiere a granel en los mercados campesinos, compra ropa usada, no tiene carro y prepara sus propios productos de limpieza, cuidado personal y cosméticos. Cuando su ropa, sábanas y toallas están roídas, las lleva a centros especializados en reciclaje; además, la basura orgánica, que incluye el papel higiénico, la lleva semanalmente a un lugar en donde la convierten en compost.¿Qué tan desechables somos? Historias como ésta definitivamente demuestran que las mejores ideas, las que más calan, son las más sencillas. Cuánto nos cuesta dar ese primer paso. Reducir será entonces, sin duda, el gran reto de la humanidad. ¿Estaremos dispuestos?***Paréntesis: El Ministerio de Medio Ambiente y la WWF lanzaron la campaña ‘Reembólsale al Planeta’, que pretende promover el uso responsable de bolsas de plástico y también controlar su producción. Es gratificante ver cómo un país como Colombia está enfocado en buscar alternativas para contrarrestar los impactos ambientales que genera la irracionalidad del hombre. Sigue en Twitter @lauraposadasuso

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