Bla, bla, bla…

Mayo 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Realmente admiro a Dania Londoño Suárez y la berraquera con la que ha logrado su propósito de llegar al éxito. Ella hizo lo suyo. Resultó siendo el personaje con más resonancia de la Cumbre de las Américas, por encima de los mandatarios más emblemáticos del hemisferio, y su historia personal caló más que la discusión vacía sobre la legalización de la droga, las Islas Malvinas y la inasistencia de Cuba al evento. Sus atributos, incluso, fueron más comentados que la elegancia de la Primera Dama de la Nación. Y así como admiro a Dania, admiro también a los medios de comunicación y al giro sustancial que dieron sus agendas supuestamente noticiosas para darle paso a su semblanza y aventuras, llegando a mojar más prensa internacional que las masacres a periodistas en México o el mismo secuestro de Langlois. La complicidad de este ‘Cuarto Poder’ ayudó a que esta sanandresana de nacimiento lograra el sueño que tuvo desde que tenía uso de razón, su anhelo de siempre, desde niña, el que tenía claro mucho antes de siquiera saber que algún día tendría sexo con un agente del servicio secreto de Estados Unidos: ser famosa y tener plata. Como sea que lo haya logrado, lo hizo; y a pesar de los señalamientos, hoy saborea los frutos de lo que, para ella, es realizar su sueño. Por eso, más que la historia de una ‘puta’ y la noche con un gringo, me inquietó la trivialidad de los medios al darle tanta cabida a este tema, distorsionado al fin y al cabo el sentido de la Cumbre y lo que para Colombia significa la prostitución. Y por supuesto, como era predecible, como sucede con cualquier escándalo, muchos se valen de este acontecimiento para exprimirlo por donde sea posible y así lucrarse u obtener reconocimiento alguno. Salió un abogado a reclamar, unas amigas a enredar y un senador con un oportuno y coyuntural proyecto de ley. Al final, sólo bla, bla, bla; sólo noticias con tintes de espectáculo.Mientras aquí -y quizás en muchos otros países- seguimos hablando de Dania y cuestionando su oficio, ella ha sido entrevistada por la prensa del mundo, ha viajado por él, su nombre es un trending topic y es de los más mencionados en las redes sociales, cuelga en su página de Facebook las fotos de su estadía en Dubái, de sus días de playa, de sus rumbas, rodeada de lujos, siempre sonriente, eso sí, y ad portas de plasmar su historia en un libro o documental. Bla, bla, bla. Y todo le significará ganancias seguramente más altas que los 34 millones de dólares que costó la Cumbre en Cartagena. ¿Por qué nos aterramos con un personaje como Dania y por una historia de vida que representa la de muchas mujeres colombianas? Dania, como muchas, tuvo un embarazo juvenil; como muchas madres cabeza de familia, cae en ese camino como una manera fácil de hacer dinero; y su mamá, cómo la de muchas, viajó a España a buscar mejores oportunidades. Esa es una realidad general de décadas atrás que merece ser tratada a fondo y que necesita ser sanada lejos del morbo y de la dualidad moral que corroe nuestra sociedad. Por demás, creería que en un país como Colombia gozamos y padecemos a diario de otro tipo de hechos que de verdad merecen ser los protagonistas de las primeras páginas. ***Paréntesis: El acto violento en contra del exministro Londoño, paradójicamente en medio del desarrollo del Marco para la Paz, es indignante y repudiable. No sólo nos recuerda que no podemos arrodillarnos ante el odio, la venganza y el temor; también pone sobre la mesa la importancia de que a los terroristas se les debe tratar como tal, sin gabelas ni beneficios, y que la opinión, bajo ninguna circunstancia, se silencia. A todas luces, el país está retrocediendo en seguridad. ¿Cuándo entenderemos que las diferencias de criterio se derrotan con palabras y argumentos y no con armas?

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