Vargas Llosa, o el último refinado

Agosto 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Desde hace unos años Vargas Llosa viene librando una cruzada contra la trivialización de la cultura, lo que él llama “entretenimiento”: videoclips, arte conceptual, performances, best sellers, música pop, rock pesado. Es comprensible. Don Mario es un señor culto y mayor; concibe la cultura como algo antiguo, perdurable, sofisticado y un tris aburrido. Oigámoslo.“La diferencia entre la cultura del pasado y el entretenimiento de hoy es que la cultura aspira a trascender en el tiempo, mientras que el entretenimiento es consumido en un instante y desaparece, como el popcorn. Tolstoi, Thomas Mann y Joyce escribían libros que pretendían derrotar a la muerte, sobrevivir a sus autores. Las telenovelas brasileñas y las películas de Bollywood, como los conciertos de Shakira, no pretenden durar más que el tiempo de su presentación, y desaparecer para dejar el espacio a otros productos igualmente exitosos y efímeros. La cultura es diversión y lo que no es divertido no es cultura”. (La civilización del espectáculo). Debería pensarlo de nuevo, don Mario. La telenovela es un género dinámico, tiene rating en todos los estratos y va de largo, como el bolero, que es melodramático, como la telenovela, y envejece bien, como don Mario.Despachar de un plumazo el cine indio es más fácil que estudiarlo.Shakira lleva 20 años haciendo vibrar caderas, trémolos y públicos, Madonna 35 y Mick Jagger medio siglo, un poco más que la vida media de un cartucho de popcorn.El arte pop de Warhol y su pandilla, esos rebeldes humildes que solo buscaban 15 minutos de fama a mediados del siglo pasado, no ha cesado de influir desde entonces sobre la pintura, la música, la moda y el diseño.Mencioné la palabra “estrato” porque don Mario tiene veleidades principescas. Por eso suscribe gustoso una opinión de T. S. Eliot: “La alta cultura es patrimonio de una élite porque es condición esencial para la preservación de la calidad de la cultura de la minoría que continúe siendo una cultura minoritaria”. Es decir, lo que se populariza, se perratea. Zorro como nadie, V. Llosa se apresura a aclarar que “en ningún modo debe identificarse totalmente esta élite con la clase privilegiada o aristocrática, de la que proceden principalmente sus miembros”. Lo que, traducido al cristiano, significa que a este club de aristócratas cultos pueden ingresar, por excepción, algunos zarrapastrosos sensibles.Se molesta V. Llosa cuando George Steiner aconseja aprender matemáticas para entender los avances de las ciencias duras, campos que V. Llosa ignora por completo, por eso se limita, llegado el momento, a rezongar contra Internet, los celulares y las tabletas, como todos los predicadores de la secta del buen salvaje.Steiner no es un matemático, pero entiende la línea gruesa de la biología molecular, la física de partículas y las lógicas paraconsistentes.En realidad no hay que ser sabio para entender que “arte popular” no significa fatalmente “de mala calidad”, y que no toda “la gran cultura” es dictada por el Espíritu. Estos prejuicios no pasan de ser ingenuidades de un inca londinense, soberbias que Jehová castigará un día… o está castigando ya. Quizá por eso don Mario ha caído en las redes de una mujer vieja pero fea, bruta aunque costosa, las sobras del lecho de un cantante decadente, y sus tres hijas, unas brujas que venden a la prensa las intimidades de la pareja. Y todo, los chismes y las fotos de la fea costosa y el escritor culto van a parar, ay, a las publicaciones del entretenimiento.

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