Una verdad incómoda

Una verdad incómoda

Junio 28, 2017 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Las declaraciones de Uribe en Atenas y Madrid tuvieron una diferencia de matiz. En la segunda aclaró que sus críticas estaban dirigidas al gobierno de Santos, no al pueblo colombiano, “al que amo”, dijo para corregir el mal sabor que dejó su ‘apátrida’ intervención en Atenas.

El foro de la Concordia, realizado la semana pasada en Atenas, reúne desde 2011 líderes políticos y ejecutivos de multinacionales con tres objetivos específicos: propiciar las asociaciones público-privadas, el desarrollo sostenible y la inversión en la juventud. Como es un evento técnico y proactivo, el discurso de Uribe, de tono sereno y contenido envenenado, sorprendió al auditorio. Fue como si en un congreso de cirujanos plásticos interviniera uno de esos tipos que les arrojan ácido a las mujeres.

Uribe repitió en Europa su mantra castro-chavista. Afirmó que Colombia era un país inviable y criminal, que las alianzas público-privadas eran imposibles y que los dos únicos sectores de la economía que estaban creciendo eran el narcotráfico y la minería ilegal.
Casi todo esto es falso. Las proyecciones de crecimiento para 2017 son: obras civiles 5,8%, agricultura 2,1%, industria manufacturera 3,5%, servicios públicos 3%, comercio 2%, transportes y comunicaciones 2,9% y establecimientos financieros 3,6% (le sienta bien a la banca la política castrochavista). Para una economía que crece al discretísimo 2%, estas cifras son extraordinarias. (Fuente, Fedesarrollo).

Según informes del BID y The Economist, que se apoyan en los estudios de Infrascope, un observatorio independiente, Colombia tiene la tasa de inversión extranjera más alta de América Latina, es el mejor país de la región para desarrollar alianzas público-privadas y el que más posiciones ha escalado en los últimos dos años en las tablas de las aseguradoras de riesgo. Entre 2010 y 2016, la inversión extranjera se duplicó: pasó de 6,4 billones de dólares a 13,5 billones de dólares ¿Causas del milagro? La estabilidad de sus políticas neoliberales y el Proceso de Paz. (El Espectador, pág. 2, 11/06/2017).

Lo único cierto en las intervenciones de Uribe es que somos un país traqueto. Desde los 70, cuando Alfonso López Michelsen abrió ‘la ventanilla siniestra’, un lavadero oficial de ‘dineros calientes’, y el fútbol colombiano inició su segundo Dorado, mafioso como el primero. Y luego, en la bella época de los 80, cuando el narcotráfico alcanzó su primer pico, la portada de la revista Alternativa vistió de mafioso a Turbay Ayala, la Policía Nacional acordonaba el Inter para que los Rodríguez hicieran en paz sus fiestas babilónicas y Pablo Escobar tenía bancada propia. Y luego, con el elefante de Samper y la debacle de los carteles en los 90. Y ayer, en los 2000, cuando los ‘exportadores’ tocaron el cielo con la gran fusión narcoparamilitar, Mancuso fue aplaudido en el Congreso, más de cien parapolíticos fueron enjuiciados y alias Job decía la “Casa de Nari”, desde los 70, digo, hasta hoy miércoles 28 de junio de 2017, cuando escribo esta columna, Colombia ha vivido en un estado alcaloide y zurumbático, y decirle apátrida al expresidente por repetirlo en Atenas y en Madrid es desconocer que, al fin, el carismático sujeto articula una verdad.

Posdata: Hoy a las 7:30 pm el poeta Elmo Valencia recibe el homenaje de la ciudad en el teatro Esquina Latina. Es un reconocimiento a su obra y un acto de solidaridad con el viejo y querido Elmo, que afronta dificultades de todo tipo.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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