Una revista anómala

Mayo 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La curva de las revistas en Cali tiene un pico asombroso en los años 70, un declive pronunciado en los 90, y un repunte modesto en la última década. No hablemos de los años 90, ese hueco cultural -como si toda la ilustración caleña hubiera estado en manos de los Juan Carlos. Hasta las publicaciones porno, cuyo mercado crecía exponencialmente gracias a que usted y yo le dábamos una mano de vez en cuando, se quedaron sin lectores. Por allá por los 70, junto a las rubias despernancadas de Pimienta, los kioscos ofrecían joyas auténticas de la editorial Novaro: Superman, El Llanero Solitario, Chanock. Por unas cuantas monedas uno podía gozar de ese Macondo chileno, Pelotillehue, patria de Condorito, o sumergirse en las mil y una noches de Kalimán, en la saga amazónica de Arandú, o en las aventuras científicas de Muy Interesante. Era la imaginación al alcance de la mano, colgada de una piola. Pero Cali fue más que porno y cómic. Entre 1970 y principios de los 90, casi un centenar de revistas culturales vio la luz, cocinadas en los talleres de gente que combinaba inteligencia, pasión, alcohol y calidad. Algunas son legendarias: Ojo al cine, prueba certera de tiro al blanco de la crítica cinematográfica; Ekuóreo, homenaje al género bonsái del minicuento; El bando de Villamaga, una mezcla de fanzine profético y libro de Tlön; otras dedicadas a ilustres sectas, La manzana de la discordia, pionera del feminismo local, Lenguaje, un intento por hacer comprensible el álgebra de los narratólogos, o Click!, nuestra ópera prima del cómic. No faltaron los semanarios periodísticos: Estravagario, Gaceta, o folletines desopilantes y cáusticos como El Gato. Con excepción de El Gato, que vive su octava vida, todas murieron en los 90.Hoy, el repunte de las revistas culturales obedece a las mismas razones que gestaron la aventura editorial de los 70. Dos pruebas de peso: los más de cien fanzines que circulan en la ciudad y una pequeña joya editorial que llegó a mis manos en formato apaisado, diagramación impecable, ilustración exquisita y contenido contundente: papeldecolgadura. Es como si Warhol, Jarry y Lynch hubieran acordado un sueño colectivo. Su subtítulo reza, revista de agitación cultural. No se equivoca. Es un coctel peligroso de literatura, antropología, cine, arquitectura, grafiti, arte, fotografía y diseño difícil de hallar en otra revista del género. Es un espécimen anómalo: hay que leerla de pie; hay que llevarla a casa; hay que coleccionarla. Y comprarla, claro. En medio del barullo de publicaciones que apestan a frivolidad hueca o a academicismo glacial y aburrido, papeldecolgadura es un sismo de 9 grados. Leerla depara una satisfacción inusual. También una certeza: que la inteligencia y la calidad no riñen, que el arte disuelve esas supersticiones de lo popular y lo culto, y que la lucha por transformar al hombre desde la intimidad de una página no está perdida. papeldecolgadura es obra de varios profesores del Departamento de Humanidades de Icesi y hoy llega a su número 7. Me declaro su fan.P.D.: El joven filósofo Juan David Ochoa, integrante destacado del Taller de Escritura Creativa Comfandi-Mincultura, acaba de alzarse con el Premio de Poesía convocado por la Universidad Autónoma de Cali. ¡Felicitaciones, poeta!

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