Una partícula providencial

Noviembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El seis de octubre el japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur McDonald recibieron el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de la oscilación de los neutrinos. ¿Por qué tenía que ser un dúo Kajita-McDonald? Por las leyes del caos, que no respetan nada. ¿Por qué se habla de oscilación? Porque las partículas ya no giran alrededor de algo, como los juiciosos electrones de antes. Ahora las partículas oscilan, como un péndulo, como una brizna de hierba, o vibran, como un resorte o un cristal. Todo es vibración. La luz. El sonido. La materia. Las supercuerdas. Las microondas. El pulso. Vibro luego existo, diría hoy Descartes, si vibrara. “Maritza tiene buena vibra”, asegura un muchacho en la esquina. Es más: se cree que el universo empezó como una fluctuación de la nada, un estremecimiento en el vacío en t = 0. Quizá una billonésima de segundo después, con el advenimiento de “la partícula divina”, que trazó las leyes de la materia y desapareció para siempre. ¿Capisci? Un neutrino es una partícula levísima; tan leve que hace tres años un experimento del Cern (Centro europeo para la investigación nuclear) encontró neutrinos más rápidos que la luz. Fue un error de observación, claro. Nada, ni siquiera las uñas de un senador, pueden superar la velocidad de la luz. Fue un ‘oso’ mayúsculo de ese prestigioso laboratorio, cuna de la web y del descubrimiento del bosón de Higgs, entre otros sucesos de la ciencia contemporánea. Su masa es una milmillonésima de la masa del electrón. Un haz de un trillón de neutrinos puede atravesar la tierra sin perder un ergio de su energía, o los ojos del lector sin perturbar su concentración.Aunque es la partícula más numerosa del universo, conseguir neutrinos es muy difícil. Es más fácil que una señora suelte un diamante. Incluso observarlos es una labor compleja. En general, las partículas son entidades ariscas; los físicos se limitan a seguir sus huellas (“trazas”) y a sacar conclusiones de las reacciones nucleares producidas por sus choques contra ciertos átomos. Pero en el caso del neutrino la cosa se complica porque los experimentos pueden ser alterados por la presencia de otras partículas de la atmósfera. Resulta indispensable trabajar en laboratorios absolutamente puros. Por eso fue que Kajita observó la oscilación de los neutrinos en una piscina construida a un kilómetro bajo la superficie del Japón, y McDonald trabajó a dos kilómetros bajo tierra, en los socavones de una mina de níquel en Ontario, Canadá. ¡Quién iba a pensarlo: los secretos del cielo descubiertos en las profundidades de la tierra! ¿Por qué nos importa saber que los neutrinos oscilan? Porque si oscilan tienen masa, una propiedad clave. La masa de los neutrinos es indispensable para que el universo alcance la masa crítica necesaria con el fin de que el efecto gravitacional frene el actual proceso de expansión de las galaxias, y los soles y los planetas no se disgreguen en las profundidades del cosmos, en la noche helada de la entropía final. Una vez detenida la expansión, empezará entonces un proceso de contracción que terminará en un Big-Crunch apocalíptico, seguido del despertar de un nuevo Big-Bang, con nuevas estrellas, flores y pájaros inimaginables, y el latido cósmico no se detendrá jamás.¿Cómo serán los universos del futuro? Nadie lo sabe, ni siquiera La Plana. Lo único cierto es que no habrá homo sapiens: Dios solo se equivoca una vez.

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