Una columna curva

Agosto 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Como cada ocho días, el viernes pasado madrugué a leer la columna de Diego Martínez Lloreda y encontré en ella, como siempre, todos los alimentos que necesita el espíritu, a saber: Columna al sesgo. El sesgo es un impulso incontenible y tendencioso que lleva al fotógrafo a privilegiar cierto ángulo y al redactor a olvidar algunos datos, porque, aclaremos, el verdadero periodista no miente jamás: omite o privilegia. Así, Martínez encuadra de cierta manera y registra que el presidente Santos solo tiene en las encuestas un lánguido 26% de favorabilidad de cara a los comicios presidenciales del 2014. Omite que los precandidatos de sus afectos, Pacho Santos y Óscar Zuluaga, apenas alcanzan el 10% y el 7%, por debajo incluso de Clara López y Navarro (13% y 12%). Nota: estos porcentajes no son sumables porque están calculados para ‘escenarios’ excluyentes: o Pacho o Zuluaga. En suma, el “huracán uribista” no pasa de ser una tranquila ventisca de verano. Columna-ficción. Apoyado en el “factor lánguido”, Martínez vaticina que el presidente Santos no alcanzará la mayoría absoluta en la primera vuelta, y que en la segunda la izquierda puede unirse al Centro Democrático y juntos vencerán a la Unidad Nacional (“La carta que el santismo tiene para evitar que la izquierda se una al uribismo en esa segunda vuelta es la de la paz. Que es el gran punto de divergencia entre el uribismo y la izquierda”.) ¡Solo en la imaginación de Martínez cabe que Uribe pueda compartir tarima mañana con Navarro, Piedad, Clara y Robledo! A propósito, sería interesante un triunfo de la izquierda. En dos siglos, la derecha ya demostró su ineptitud para gobernar y su endiablada capacidad para sembrar odios, guerras, inequidad y miseria. Nadie, ni siquiera la izquierda, podría hacerlo peor. Columna carepalo. Dice Martínez que el candidato del Centro tendría el espaldarazo de Uribe, “ese midas electoral”. ¡Esto es la tapa! Hasta las modelos saben que Uribe no endosa un diamante. Peñalosa tenía la alcaldía de Bogotá en el bolsillo hasta que aceptó la adhesión de Uribe… y lo barrió Petro. En 2003, Juan Lozano, su candidato a la alcaldía de Bogotá, fue derrotado por Lucho Garzón. Uribe no endosa su gran popularidad ni en Antioquia, como se vio en 2011, cuando cayeron sus candidatos a la alcaldía de Medellín y a la gobernación de Antioquia. Acepto que el sesgo es inherente al columnismo, pero no debe ser tan audaz como el de esas blusas que enseñan no solo el hombro sino una obscena porción de seno.Si la ficción es válida en los severos informes de gestión (“las locomotoras marchan a toda máquina”) ¿por qué excluirla de las columnas? Es un elemento válido siempre y cuando el columnista añada a la mezcla una pizca de vaselina –o verosimilitud, como la llaman los novelistas. La actitud carepalo es indefendible. Es una audacia a la que no debe recurrir un columnista que se respete y menos uno de los quilates de Martínez. Alguien tan corajudo, dateado y divertido como él, no puede tomarse estas licenciosas libertades. En medio de la hojarasca, encontré una paradoja que pagó la sentada: “Es carreta que Santos tenga afán de que se firme la paz”. En dos agudas líneas, Martínez explica el partido que el presidente le puede sacar a una dilación de los diálogos de La Habana.

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