Un cartel milagroso

Octubre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hay revuelo nacional por la multa de $ 324.000 millones que les clavó la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a 12 ingenios azucareros. Riopaila-Castilla, Incauca, Manuelita, Providencia, Mayagüez, La Cabaña, Pichichí, Risaralda, San Carlos, Carmelita, Central Tumaco y María Luisa incurrieron en el delito de cartelización, una maniobra rastrera contra el bolsillo del consumidor, que les importa un bledo, y contra la libre competencia, alma y nervio de la economía de mercado, que dicen adorar.Según la SIC, estos 12 filántropos se pusieron de acuerdo durante varios años para obstruir importaciones de azúcar de otros países hacia Colombia. “Facilitaron, autorizaron, ejecutaron y toleraron una conducta anticompetitiva, la cartelización empresarial”.La investigación duró cinco años y estableció que: estas empresas actúan como un bloque para eliminar la competencia; han considerado siempre una amenaza las importaciones de azúcar; para eliminarlas, idearon estrategias ilegales que bloquearon las importaciones y mantuvieron muy alto el precio interno; han montado empresas para comprar los excedentes de producción de otros países latinoamericanos y evitar que sean adquiridos por comerciantes colombianos; pusieron obstáculos, a través de Asocaña y Ciamsa, para que nadie pudiera importar azúcar directamente desde los ingenios extranjeros (el impuesto a la importación de azúcar es del 70%).El brinco por la multa ha sido mayúsculo. Y brincaron no solo los azucareros sino también los más agiles representantes del pueblo: Luis Fernando Velasco, Roy Barreras, Christian Garcés, Álvaro Uribe, Paloma Valencia, Marta Lucía Ramírez, Néstor Humberto Martínez y Jorge Robledo. ¿Será coincidencia que anden todos meneando sus colitas ante los cacaos ahora que están pasando el mate para financiar las campañas? Alega este tierno coro que la multa es muy alta comparada con las utilidades del sector: $ 142.000 millones en el 2014. Pero olvidan que la multa es por fechorías que abarcan muchos años, y que las multas individuales no superan el 7% del patrimonio ni el 7% de los ingresos operacionales de los ingenios.Con un tufillo extorsivo, Los azucareros nos recuerdan que ellos generan muchísimos empleos. Muchas gracias, señores, pero lo empleador no quita lo pilluelo. Además, es sabido que pagan mal a sus empleados, corteros y provedores. Varios de estos ingenios fueron multados en 2010 por la cartelización en los precios de compra de la caña de azúcar a los cultivadores y a los colonos.Los azucareros y sus senadores de bolsillo alegan que la multa es excesiva. Falso. En Alemania multaron al cartel del azúcar con 280 millones de euros y en Francia al cartel de productos de higiene personal con 605 millones de euros.A la codicia de los azucareros no le bastó los billones del etanol, los mariscos, la palma, los confites y las gaseosas, y corrieron, ávidos y obscenos, tras las monedas que tenían las señoras para comprar el azúcar de la casa.Pero reconozco que los ingenios han obrado un milagro histórico: la esquiva y anhelada unidad nacional. El Polo, La U y el Centro Democrático defienden con celo la trapisonda monopólica. Los senadores, tan puntillosos y tan divididos a la hora de debatir los problemas de la salud, la educación o las conversaciones de la Habana, acordaron en minutos la defensa de los intereses superiores de Asocaña.¿Qué tal si les pedimos a Éder, Caicedo y Lulle que medien entre Santos y Uribe a ver si nos repiten el milagro?

VER COMENTARIOS
Columnistas