Ubeimar, Churchill y yo

Ubeimar, Churchill y yo

Julio 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Los resultados de las elecciones atípicas del Valle dejan un sabor muy amargo. Fue derrotado el candidato del hampa, es verdad, pero también es cierto que el triunfo se logró con una cifra de votos bajísima para semejante minga, con un candidato de un gris subido (Ubeimar se parece a Demóstenes antes del ejercicio de las piedritas) y con el apoyo de algunos hampones, entre ellos varios sujetos del PIN que saltaron a tiempo del escorado barco de Martínez.El resultado del voto en blanco es alto si consideramos que es un voto valluno, es decir, frívolo, morrongo, ignorante, apático, acomodado. Pero es muy pobre si tenemos en cuenta la insignificancia de los adversarios. Si exceptuamos las elecciones de octubre, nunca se había visto, en los paupérrimos tarjetones del Valle, uno más indigente que el del domingo. Parecía el tarjetón de la CVC. O el de cierta universidad del sur… Y es un resultado muy bajo si pensamos que se obtuvo en el peor momento de la clase política colombiana, peor incluso que el desprestigio del liberalismo luego del Caso 8000. Hasta yo, que no soy exactamente un optimista, acaricié la idea del triunfo del voto en blanco. Ubeimar… Francined… la indignación nacional… pan comido, me dije. Los gremios ya manifestaron su apoyo ritual al nuevo Gobernador (lo mismo hicieron con Useche hace seis meses y con Abadía en el 2008). Es lo que hay, mascullan en el club con su inveterado pragmatismo. Y es lo que dicen cada vez que las maquinarias les imponen sus petardos. Qué bueno que fueran más proactivos y menos pragmáticos, que no fueran tan cobardemente tibios, que dejen el vicio de ponerle una vela a Dios y otra al diablo, como suelen hacer siempre; que tomen partido de manera inteligente y decidida, como lo hicieron con Rodrigo Guerrero.Los males del Valle y de Colombia radican en un 102% en que sus líderes son brutos pero ladrones (el cálculo da más de cien porque el daño total siempre es mayor que la estúpida suma de sus partes). Y el pueblo elige a los peores porque no tiene conciencia política. ¿Cómo romper este círculo letal? Hay una receta vieja pero inédita. El ingrediente principal consiste en atacar la pobreza en serio, es decir, sin cambiar la metodología de la medición. Los otros ingredientes son: fortalecer los espacios de opinión, ajustar los mecanismos democráticos de participación, hacer efectivas las leyes de inclusión, intensificar la asignatura de Instituciones Políticas en los colegios y las universidades y, punto central, aprobar el voto obligatorio. Si son de forzoso cumplimiento normas tan discutibles como el servicio militar, digamos, ¿por qué tiene que ser opcional algo tan decisivo para la salud de la democracia como el voto? La respuesta es sencilla: porque en el Congreso, esa costosa y cínica fábrica de micos, les aterra el voto obligatorio. Ya saben cómo lidiar con el 30% de la población pero les aterra tener que darles tamal y transporte a los millones de abstencionistas del censo electoral. No voy a decir, por respeto a su investidura, que el Gobernador electo es una gorda tegua y descabellada, como rumora la maledicencia popular. Pero me reafirmo en mi convicción: si Ubeimar y su banda son la salvación del Valle, yo soy Churchill redivivo.

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