Taller de escritura

Taller de escritura

Enero 10, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

El primer sábado de febrero iniciamos un nuevo ciclo del Taller de Escritura Creativa Comfandi. Ojalá podamos, los alumnos y yo, errar muchas veces, poner palabras imprecisas para que el oído se moleste y nos obligue a buscar la palabra justa. Poner muchos adjetivos hasta encontrar el sustantivo que no los necesita. Escribir cuentos flojos para que nos den palo el sábado y aprendamos a sobarnos, lamer la herida, levantarnos y volver a empezar.

Necesitamos escribir ensayos rigurosos y helados para que en el blog del Taller algún sarcástico nos diga: “Muy erudita su reflexión. Muy seria. Plana y previsible, como una monografía científica. Por qué imita el envarado estilo de los tratadistas, por qué no se suelta, especule, aproveche la libertad del ensayo y vuele”.

Escribiremos versos perfectos, como Valéry, digamos, para que una vocecita interior nos repita el comentario del rey a su poeta: “Muy bien. Has manejado con destreza los artificios de la docta retórica, la alteración de los metros... pero nada ha pasado. En el pulso no corre más aprisa la sangre. Las manos no han buscado los arcos. Nadie profirió un grito de batalla. Tu poema es apenas correcto. Quémalo. Me dicen que el último ruiseñor ha cantado en Inglaterra. Cuando vuelva, quiero que tengas un poema vigoroso”.

Escribiremos crónicas para que la noticia no muera, para que el periódico de ayer siga hablándonos, el ‘quién’ importe más que el ‘qué’, el factor humano permanezca en el centro de la información y el periodismo siga siendo punto de encuentro y escenario de debate social.
Debemos leer y escribir ensayos de divulgación para enterarnos de los trabajos de los sabios y gozar del espectáculo de la inteligencia en acción, para ser mejores ciudadanos y evitar que la ciencia y las políticas públicas queden a merced de la ambición del industrial, del capricho del banquero, de la superstición del pastor o del ajedrez del político.

Estudiaremos crítica literaria porque sin ella los talleres se vuelven gaseosos, condescendientes, tertulias coquetas donde nadie se atreve a ser severo porque “entre gustos no hay disgustos”. Necesitamos criterio, teoría y poéticas, carácter y franqueza, así nos duelan las opiniones duras. Debemos conversar con Aristóteles, Wilde, Borges y Steiner para que nos enseñen la clave, el arte de tachar.

Debemos debatir sobre educación y sexo, obsesiones y perversiones, Shakira y Maluma porque, está demostrado, las torres de marfil emboban al escritor.

Para esto necesito alumnos muy listos. Y tercos, de esos que conocen el tormento de la ‘página en blanco’ pero insisten. Deben tener menos de 50 años, ser buenos lectores y estar dispuestos a saltar de su silla en cualquier momento y dictar la clase (yo soy el coordinador del Taller, no un gurú de las letras).

Necesito personas convencidas de que las frágiles palabras pueden rugir indignadas o conspirar, pianísimas, desde las trincheras de la resistencia; entonar himnos o ajustar teorías.

Íntimas o públicas, austeras o retóricas, ellas siempre se las arreglan para verbalizar las ansiedades del alma y los laberintos del pensamiento, y nos ayudan a entendernos con esa versión humana del infierno, el otro.

***

Rectificación. En la última Plana acusé al Colegio Diana Oese, uno de los mejores del país, de inscribir en el Icfes solo a sus mejores estudiantes. Estaba mal informado. Le ruego a la comunidad oesiana que acepte mis ruborizadas excusas.

j-clondono@hotmail.com

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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