Sobre una máquina simple

Sobre una máquina simple

Mayo 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Desde el octavo día de la Creación, la especie humana empezó a llenar el mundo de inventos: el sexo, el fuego, la lanza, la pedrada, el ladrillo, la aguja, el botón, la escritura, las aleaciones, la rueda, Dios, la música, la risa, la mentira. Aunque todos estamos de acuerdo en que el sexo es la más divertida de estas invenciones, y la escritura la más trascendente, la más popular es la rueda. ¿Por qué?Quizá porque, mientras el sexo es un acto propio del magnífico animal que somos, y la escritura es resueltamente divina (en especial ese prodigio que es la escritura fonética), la rueda no es divina ni animal sino humana. Es bella y simple como nosotros. El reloj mecánico, la bicicleta, el bolígrafo, el automóvil, el cine, los discos, las grabadoras, los computadores y las naves espaciales no habrían sido posibles sin la rueda. Los antropólogos creen que el descubrimiento de la rueda como máquina de locomoción pudo ser casual, un accidente feliz. Sabemos la fecha y el lugar del hecho: Sumer, hacia el 3.500 antes de Cristo. Las primeras ruedas, que eran de madera, se perdieron; pero quedaron representaciones suyas en los mosaicos sumerios, y fragmentos de cerámica torneada, que fue la primera aplicación de la rueda a fines distintos al desplazamiento: poco después de añadir ejes y ruedas a sus vagones de carga, los sumerios inventaron el torno del alfarero jugando con algún carromato volcado, y moldearon vasijas simétricas, como la rueda. Luego fueron la polea y los polipastos, los engranajes, los piñones y la teoría del eterno retorno, y el mundo empezó a girar.Un milenio después de los sumerios, los egipcios encontraron (la palabra es fácil) la relación entre el perímetro de la circunferencia y su diámetro, pi, y calcularon el área del círculo. ¿Cómo sería el mundo de no haberse descubierto nunca la rueda? Es impensable. Podría ser tan notable como el de las civilizaciones precolombinas, que conocieron el círculo geométrico mas no la rueda de cada día. O tan tecnológicamente pobre como el de ciertas tribus de Nueva Guinea, que aún no la descubren pero ya la aborrecen justo al contrario de los pueblos celtas, que la adoraron mucho antes de usarla (recordemos aquí a los griegos, que adoraron la esfera y la fatalidad, y los católicos que adoran de soslayo el triángulo, eco herético del politeísmo).Sí, todo pudo comenzar con un accidente. Son accidentes que buscan a un hombre y se repiten vanamente, innumerables veces, hasta encontrarlo. Cuántas manzanas buscarían un Newton; cuántos guisantes un Mendel; por milenios los astros erraron en busca de Kepler. Así, pudo haber un hombre que amaba el círculo y lo perseguía en los altos cilindros de los árboles, en las perlas atesoradas en conchas avaras, en las rocas que rodaban de las montañas, en los discos de los orfebres, en la fruta que llena el cuenco de la mano, en los corros de los niños, en las cestas de los recogedores de moluscos, en los ojos de una mujer, en el Sol y la Luna... Un hombre así mereció que el tronco de un árbol le prestara el lomo para desplazar su carga, y fue la rueda.P.S.: Están abiertas las inscripciones para mi Taller de Escritura Creativa Comfandi. Contenido: cuento, crónica, ensayo de divulgación científica y crítica literaria. Informes: j-clondono@hotmail.com.

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