Roy en su laberinto

Abril 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El lunes 8 de abril, Roy madrugó a hacer una de sus últimas barreradas. En medio de una reunión de la Dirección Nacional de la U con varios miembros del gabinete, no tuvo empacho en proponer que se retiraran los ministros para discutir “en privado” con el Presidente la estrategia del partido de cara a la campaña del 2014. Visiblemente ofuscado, Santos rechazó con vehemencia la grosera propuesta del senador.Dos días después El Espectador denunció el compromiso por medio del cual Roy se comprometió con el pastor Milton Rodríguez a votar en contra la ley del aborto terapéutico y la ponencia legislativa que propende por el reconocimiento de los efectos civiles de las uniones homosexuales. A cambio, el pastor le ponía en bandeja miles de zombis de su populosa grey al entonces candidato al Senado. Es una paradoja muy triste que un senador tan inteligente como Roy, y un pastor tan divino como Milton, se opongan a la causa gay. ¡Pastores del mundo: desenclosetaos y uníos!Ya antes, Roy nos había mostrado las piadosas aristas de su corazón. La Corte Suprema de Justicia lo investiga por tráfico de influencias en el 2010 para que la DNE le cediera a otra iglesia evangélica un edificio que había sido propiedad del beato Helmer Pacho Herrera.En noviembre del año pasado no dudó un nanosegundo para firmar un contrato de arriendo de 200 camionetas, con pinche blindaje 3, para 100 congresistas por $29.000 millones (¡a $ 145 millones anuales cada una!), cuando pudo haberlas comprado todas por una suma muy inferior. En el abultado prontuario de Roy, figura también su cuota de responsabilidad en la quiebra de Caprecom, el suculento botín burocrático que se disputó a dentelladas con Angelino Garzón. A pesar de que a los gamonales de vereda les parezca un derecho natural, el clientelismo es un crimen, el más agudo vector del desgreño y la corrupción. Si Santos hubiera pensado en términos meramente clientelistas, nunca hubiera armado los lujosos gabinetes que ha tenido. Algo va del gamonal al estadista (dejó constancia de que el Santos de mi devoción no es Juan Manuel sino Enrique. Algo va del estadista al humanista).A pesar de todo, dicen algunos, Roy es ahora, en el desierto político vallecaucano, un oasis de talento y probidad. Su transfuguismo es un pecado venial cuando las fronteras de los partidos son tan borrosas. A diferencia de nueve de cada diez líderes colombianos, Roy piensa y habla de corrido y de manera coherente. A él se le debe, entre otras cosas, un paquete legislativo tan importante como el marco jurídico para la paz. Su figura brilla con luz propia si lo ponemos al lado de la “bancada valluna en la sombra”: la rubia astuta y el moreno impresentable; o al lado de nuestro muy discreto gobernador, del somnoliento Carlos Holguín, de un Villegas empeñado en caer en picada o de un delfín voraz como Carlos Fernando Motoa. Quizá tengan razón los ‘royeristas’. Si es así, Roy es la cifra perfecta de la debacle del Valle. Porque si él es nuestro líder más brillante, el de mostrar, el suertudo que puede copar la escena en la mala hora de Dilian y Martínez, ante un Angelino disminuido y la incertidumbre del futuro político de los hermanitos Ospina, entonces hay que decir como diría un filósofo en la espesura: “Vallunos, estamos untaos y el agua lejos”.

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