Redes: ser o estar

Redes: ser o estar

Enero 31, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Todo el mundo reconoce que Internet es la invención central de los últimos tiempos. A su lado, la imprenta es un querido armatoste, un venerable cachivache. Lo que no está claro es la importancia real de sus redes y portales. Wikipedia, por ejemplo, es el portal más consultado del mundo. Un bello trabajo de construcción colectiva, uso gratuito y filiación independiente. Todos la usamos pero no es de buen tono citarla. Su mismo creador considera que Wikipedia es un buen punto de partida en las investigaciones, no de llegada. Es útil para consultas rápidas, no para investigaciones profundas.

Facebook es la mayor red social. Zuckerberg la creó solo para que los muchachos ‘ligaran’ pero pronto se volvió un ‘espacio’ mucho más amplio y diverso. Allí está todo, el culo estrambótico de la Kardashian, dónde cenó mi tía anoche, loables campañas ecológicas, denuncias valientes, revueltas civiles, los últimos minutos del insurrecto oficial Óscar Pérez... Pero luego se sabe que esas nalgas tienen más fotoshop que músculos, que las ‘primaveras árabes’ se marchitan en otoños beduinos y que a Pérez lo masacraron sin pena ni gloria, solo likes.

Mientras tanto, billones de horas-hombre se van por el sumidero de las redes. Especialmente horas-joven. Psicólogos, padres de familia y educadores andan preocupados con el tema. Hace unos días un joven español de 14 años apuñaló a su madre porque le prohibió el uso de internet. Ayer, 97 pediatras y educadores estadunidenses le enviaron una carta a Mark Zuckerbegr: “Es irresponsable alentar a los niños a usar Facebook”, le dijeron en respuesta a la creación de Messenger Kids, una red creada en diciembre y dirigida a niños entre 6 y 13 años. Citaron investigaciones que muestran correlación entre el uso de redes sociales y la proliferación de casos de depresión, ansiedad, anorexia, pedofilia, matoneo y retos peligrosos entre los usuarios. Los hikikomoris (zombis totalmente asociales) ya se cuentan por millones y el número crece cada minuto. Nadie sabe cuál es la edad mínima y sana para que un niño maneje dispositivos electrónicos ni cuál es la ‘dosis’ diaria que puede soportar antes de que su cerebro termine convertido en un queso gruyere.

Aunque las investigaciones no son concluyentes, las opiniones de los líderes del ramo son reveladoras. “Solo Dios sabe lo que Facebook está haciendo con el cerebro de los niños”. Dice Sean Parker, su expresidente. Bill Gates no les permitió el uso de computadores a sus hijos hasta los 14 años. Chamath Palihapitiya, el hombre que disparó el crecimiento de Facebook, dice: “En mi casa no hay espacio para pantallas. FB está desgarrando la sociedad. Mis hijos tienen prohibido usar esa mierda”.

Pero la verdad es que las pantallas llegaron para quedarse. Prohibirles su uso a los hijos es condenarlos al ostracismo, a la consulta de alguna edición de la Enciclopedia Espasa del siglo pasado, y nos expone a los padres a correr la suerte de la madre del joven español.

Cerrar los ojos ante el problema tampoco es una opción. ¿Qué hacer? Aunque nadie lo tiene muy claro, los expertos recomiendan: prohibir el acceso a redes sociales a menores de 14 años; sacar todas las pantallas del cuarto del niño y limitar su uso a 30 minutos diarios; inculcarles la tolerancia al fracaso y al aburrimiento; desmentir la existencia de patrones estéticos ‘universales’ (peso, medidas, prendas de marca, color de dientes) y estimular las prácticas deportivas, las actividades lentas y la atención prolongada y profunda.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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