Presidenciales: nada está escrito

Presidenciales: nada está escrito

Marzo 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Leo los columnistas y las declaraciones de los políticos sobre el 11-M y encuentro mucho sesgo y harta mala leche. Está bien. Los columnistas deben emitir opiniones, no análisis, y al político que no eche espumarajos por la boca se le duerme el auditorio.

Las constantes de estas lecturas son:

Todos los partidos se sienten ganadores: el Centro Democrático por sus excelentes resultados, los Verdes por el medio millón de votos de Mockus, los Decentes por los 2,8 millones de Petro, Vargas porque casi duplicó sus curules y los liberales y los conservadores porque siguen vivos. Boqueando y segundones pero vivos.

‘Coronaron’ muchos pillos que andan sueltos, o los parientes de los que están ‘en Canadá’. Está bien. Somos una democracia representativa y es preferible un congreso variopinto que esos cónclaves de senadores de apellidos, como en los tiempos anteriores a las revoluciones paraco-narco-guerrilleras-contratistas, cuando los políticos eran gente distinguida, vecinos nuestros.

Lo mejor del 11-M, el descalabro de la macabra Opción Ciudadana: cero-pollito curules. Dios aprieta pero no ahorca (es un partido demasiado variopinto. Y con demasiados nombres. ¿Cómo se llamarán la próxima semana?).

Otro punto bueno: ningún partido alcanzó más del 20% de las curules, situación que los obligará a tomar decisiones concertadas. No hay nada más peligroso que las ‘bancadas-aplanadora’. O los caudillos idolatrados. Los Perón, Trujillo, Somoza, Fujimori, Ortega, Chávez… Los que pueden decretar que el sol no salga, que las vacunas y los gays son obra del demonio, que el calentamiento global es un mito o que es regresivo ponerle límites a la minería.

En cuanto a las elecciones presidenciales:

Duque es, sin duda, una carta fuerte y el único de la baraja que entiende de economía naranja. Lo mejor de un triunfo suyo es que el país descansará de la oposición cerrera de Uribe. Lo peor es que volvería al pasado, al nefasto periodo 2006-2010: parapolítica, satanización del opositor, Estado policivo, pésimas relaciones internacionales y atentados contra la Constitución, las cortes y la división de poderes. Lo mejor de Duque es Uribe… y también lo peor.

El discurso de Petro es generoso y moderno: inversión social, energías limpias, gravamen alto para el latifundio improductivo, reemplazo de la minería extractiva por la minería productiva. Su discurso es maravilloso… pero hay un detalle: Petro ya demostró que es un ejecutivo fatal. Ah, y un tris desinformado: apenas ayer se dio cuenta de que el régimen venezolano es catastrófico (nota: el desabastecimiento de alimentos y medicinas en Venezuela data de 2009. El precio del petróleo cayó en diciembre de 2014).

Vargas es un ejecutivo inmejorable pero dejará intacto el problema número uno del país, la corrupción, ¡si no es que lo agrava!
Fajardo es un pésimo candidato. Como buen matemático, carece de imaginación. Para no ‘polarizar’, se hunde y desaparece. Pero hay que reconocer que trabaja por la educación y que su movimiento político ha logrado sacar adelante a Antioquia, ganarse la confianza del Grupo Empresarial Antioqueño y poner a Medellín en la agenda del mundo.

De la Calle es el último caballero de la política colombiana. Si logra sacudirse la rémora de Gaviria, será un protagonista en los meses que vienen.

En las elecciones presidenciales las maquinarias pesarán mucho menos. Están exhaustas y resteadas. El voto de opinión pesará mucho más. Si yo fuera candidato me centraría en los ocho millones de ciudadanos que no votaron por Duque ni por Petro.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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