Poesía y termodinámica

Poesía y termodinámica

Julio 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Si tuviera que definirme, diría que soy un teórico aplicado en varias materias pero especialmente en lo sexual, donde teoría es mucho más aséptica y descansada que la sudorosa práctica. Incluso en campos ajenos a la acción, como la literatura y la física teórica, me inclino por la teoría. Me explico: en lugar de hacer experimentos de tablero, como el haragán de Einstein, leo y escribo (más lectura que escritura, la verdad sea dicha) sobre los experimentos de Einstein. Y en lugar de hacer novelas o poemas, escribo crítica literaria o leo “poéticas”, una suerte de filosofías de la composición literaria. Para decirlo en términos platónicos aunque termodinámicos, me ocupo apenas de “la sombra de las sombras”.En el campo de la filosofía poética, mis mejores hallazgos son cuatro: «En cuestiones de literatura no hay nada escrito». Augusto Monterroso. Es una proposición que niega los absolutos, pero lo hace con una frase absoluta, y se muerde la cola limpiamente: si la consideramos cierta, es falsa. Si la consideramos falsa, es cierta. A su lado, la paradoja de los cretenses («Todos los cretenses mienten», dijo un cretense) es una ñoñez. Nota: ñoñez, del griego escatos, del sánscrito sakaqaqa: materia elemental y de poca consistencia.La de Monterroso es una proposición autorreferencial; se sostiene sobre sí misma, como la fe. Pero hay también proposiciones empíricas: «El buen poema se conoce en que lo podemos mejorar fácilmente». Jorge Luis Borges. A la demostración de este postulado se llega por el elegante atajo de la “reducción al absurdo”: nadie puede arreglar un mal poema. El bueno, en cambio, nos obsesiona, lo leemos muchas veces alelados, nos lo aprendemos de memoria... y de pronto descubrimos una coma inoportuna, un vocablo ligeramente impreciso... y corregimos el poema.El axioma de Borges se complementa con el corolario de Wystan Hugh Auden: «Toda la poesía mala es sincera». No estamos ante un elogio cínico de la hipocresía, como estarán pensando ya los narradores deportivos. No. El corolario de Auden apunta a algo esencial. No basta la sinceridad ni la pasión exaltada ni la mera anécdota. Es indispensable la edición, es decir: diseño + ficción + imágenes poderosas + unos aforismos que parezcan casuales cuando en realidad son engendros retorcidos con matemática perversión. Si usted no edita esa “increíble novela que es la vida de mi familia”, el libro solo le interesará a su familia. Si usted no edita ese beso del príncipe que la asaltó, le saldrá una postal tierna.Si usted no le da un giro preciso a esas frutas, le saldrá un bodegón figurativo y rancio. «La vida sería mejor si no fuera diaria». Woody Allen. Usted dirá que Allen no es una autoridad literaria sino un vendedor de postales turísticas que muestran planos generales de puntos muy conocidos de Barcelona, digamos, con un escote agudo de Scarlet o Penélope en primer plano. Se equivoca. Allen es una de las mejores plumas contemporáneas y su proposición apunta a otro punto clave: la concentración del efecto: si se cuenta en pocas líneas un suceso largo, el efecto es más contundente. Es por esto que las puntillas se clavan por la punta, no por la cabeza. Presión = fuerza/área. A menor área, mayor presión.Si usted sigue al menos tres de estas cuatro proposiciones, y si los astros son propicios (porque el soplo de los ángeles del estilo nunca está de más), su plana será eficaz y hasta es posible que tenga el raro poder de dibujar una sonrisa en los labios de Dios.

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