No todo está perdido

Noviembre 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Usted dirá que un funcionario eficiente es una contradicción en los términos, una criatura de ficción, un espécimen de la zoología fantástica, como el unicornio, o chistes de Dios, como el ornitorrinco y Clementina Vélez. Se equivoca: existen buenos funcionarios en todo el mundo, incluso en Colombia.La Fundación Colombia Líder le encargó a un jurado de empresarios y académicos de alto nivel la elección de los mejores alcaldes y gobernadores de Colombia, y acaba de publicar los resultados. En la categoría gobernadores el ganador fue Horacio Serpa. Quién iba a pensarlo. ¡Groucho, el escudero de Bojote! Y ganó sobrado: logró integrar al desarrollo de Santander zonas olvidadas del departamento, acortó la brecha que separa la educación pública de la privada y luchó de manera eficaz y continua contra los estragos de la ola invernal del año pasado.El mejor alcalde fue el de Ibagué. Jesús Mario Botero Gutiérrez combatió con éxito el desempleo de la ciudad, que era altísimo; saneó las finanzas, creó incubadoras de microempresas, incentivó el empleo formal y convirtió a Ibagué en uno de los más ágiles centros de inversión del país, según Doing Business, pero centró sus esfuerzos en la educación: “¿De qué sirven puentes y avenidas sin personas educadas?”, se pregunta Botero, un médico que no tenía ninguna experiencia política. Tal vez por eso lo hizo bien. Recordemos que Apolinar Salcedo, por ejemplo, tenía demasiada experiencia, algo que puede ser tan inconveniente en las damas como en los políticos.El alcalde de Rionegro fue el más incluyente. Alcides Tobón construyó más de 200 kilómetros de dobles calzadas, le hizo rampas para discapacitados a los colegios viejos, edificó tres nuevos e inauguró la primera Unidad de Atención Integral de Antioquia, un complejo administrativo donde las personas con discapacidad pueden hacer cualquier trámite de carácter público: pago de servicios públicos, matrículas, predial, diligencias notariales, pasaportes, etc. A diferencia de Botero, Alcides considera que “cambiar la arquitectura de la ciudad cambia el paisaje del alma”. Por eso reconstruyó por completo las vías de la ciudad, que estaban como si acabaran de pasar los Moreno, el Katrina y Elly Burckhardt juntos. El mandatario más incluyente fue el de Boyacá, José Rozo Millán, un gobernador sincronizado con los alcaldes, comprometido con los discapacitados y empeñado en el mejoramiento de la infraestructura. Colombia Líder encontró que estos funcionarios comparten ciertas características: todos gozan de un buen grado de independencia política. Encontraron saneadas las arcas o pudieron hacerlo en su primer año de gobierno (no hay nada qué hacer en departamentos o municipios que no tienen un buen desempeño fiscal). Contaron con la colaboración de la gente, como en Barranca, donde desapareció la ley del silencio de los paramilitares y los ciudadanos se han vuelto veedores acuciosos. También resultaron claves las alianzas entre la empresa privada y el sector público (si hubo serrucho, no fue mucho) y la sincronización de las alcaldías con sus gobernaciones, como se dio entre Santander y Barranca, entre Boyacá, Nobosa y Paipa, entre Antioquia y Medellín.No todo está perdido, no todo está sujeto al pavor del olvido.

VER COMENTARIOS
Columnistas