No es por ahogar la fiesta…

Noviembre 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Llueven flores sobre Juan Manuel Santos por los aciertos de sus cien primeros días de gobierno: la manera como seduce a la oposición sin soltar la causa uribista, la manera como arrecia sobre las Farc, el respeto a los otros poderes, la franca mejoría de las relaciones internacionales, la conformación de un gobierno de unidad nacional y, sobre todo, la calidad del gabinete: algo va de Sabas y Cossio a Vargas Lleras; de Andrés Uriel Gallego, el beato que firmó contratos por $ 3,5 billones en la última semana de la administración Uribe, al ingeniero Germán Cardona; de un señor de apellido Bermúdez a Ángela María Holguín; de Andrés Felipe Arias a Juan Camilo Restrepo, es decir, de Agro Ingreso Seguro a la Ley de Tierras. Pero también hay inquietudes serias, por supuesto. Una es, ¿qué tan sólida resultará la “unidad nacional” formada por los técnicos de Santos, las rémoras de Uribe, los muchachos del PIN, los suplentes de ‘la bancada de la Picota’, el severo Petro, los severos liberales y los civilizados verdes? ¿Hasta dónde soportarán los uribistas ‘pura sangre’ como Benedetti y Lozano a los ‘traidores’ de Cambio Radical? ¿Se mantendrá el orden entre los azules? (la llaman la “bancada oximorónica”: agilísimos lentejos). Otra pregunta: ¿hasta cuándo podrá contenerse Álvaro Uribe? No ha pasado uno solo de estos cien días sin que el ex presidente tenga que escuchar la odiosa cantinela: “¡Cuán distinto este Presidente! ¡Qué magníficos aires se respiran ahora en el país!”. Debe estar rebravo el hombre, pero así es la humanidad, don Álvaro. ¡Después de todo lo que usted hizo para refundar la República! Después de que el 85% lo consideraba irremplazable, viene este señorito de Anapoima y el 87% opina que lo está haciendo mejor. ¡Fariseos!La cantidad de sapos que se ha tragado Uribe mansamente es asombrosa. El último fue el cambio de terna para Fiscal, algo que parecía un inamovible. Falta ver qué pasa si la Justicia condena a sus íntimos, a Sabas Pretelt, Mario Uribe, Bernardo Moreno...Algunos dudan de tal mansedumbre: Uribe no se traga nada, dicen. Su campaña por las alcaldías y las gobernaciones es la estrategia de la venganza, la retoma del poder, la contrarrevolución de la microgerencia.A mí me desvela el ‘enigma Santos’: ¿cuál de todos es el verdadero? ¿El ministro enemigo de la Ley de Restauración a las Víctimas, o el súbito comunista de la Ley de Tierras? ¿El secretario estrella del microgerente de marras o el estadista de estos cien días? ¿El ministro camorrero de hace un año o el aplomado conciliador de ahora? ¿El negociante soberbio que cerró la revista Cambio o el Presidente que fue ovacionado el lunes en la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa en México? Como no tengo vocación de aguafiestas, quiero creer lo mejor: que Dios existe y nos hizo el milagro: convirtió al temible Chuky de hace tres meses en el adorable Juancho de hoy.P.D: Felicito a la magistral Constanza Lema, catedrática del Instituto de Idiomas de USC, y a la dramaturga Martha Márquez, integrantes del Taller de Escritura Comfandi. La primera fue finalista del Concurso Nacional de Cuento de los talleres de Mincultura. La segunda se alzó con el Premio Nacional de Dramaturgia convocado en el marco del Festival de Teatro de Cali en septiembre.

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