Los libros de Manuelita

Los libros de Manuelita

Enero 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Para celebrar el primer siglo del Departamento del Valle, Manuelita S. A. publica tres volúmenes: Manuelita 150 años, Procesos históricos del Valle del Cauca y Personajes ilustres del Valle del Cauca. El proyecto fue dirigido por Doris Éder y realizado por tres historiadores y un sociólogo (los cinco son univallunos). Manuelita 150 años pasa muy rápido por los épicos tiempos del fundador, Santiago Éder (el transporte del ingenio desde Glasgow hasta Palmira, atravesando mares, ríos, selvas y precipicios por barcos, trenes y balsas, o a tiro de yuntas, es despachado en un párrafo insulso); sigue con el periodo de la consolidación, realizada por Harold Éder; repasa el intervalo 1965-2008, cuando el ingenio fue dirigido por presidentes que no eran de la familia Éder y entre los cuales brilla con luz propia César Zamorano; luego viene la presidencia de Henry Éder Caicedo, que empezó la diversificación de la firma y sufrió el abordaje de Ardilla Lulle, que se les metió al rancho furtivamente y se apoderó del 40% de las acciones; y cierra con la presidencia de Harold Éder Garcés, timón del grupo en la era global. El tomo Personajes ilustres recoge microbiografías de cien vallecaucanos notables de la Colonia, la Independencia y los dos últimos siglos. Solo ocho mujeres: María Luisa de la Espada, María Antonia Ruiz, Gloria Castro, Doris Éder, Amparo Sinisterra, Clara Inés Suárez, Lucy Tejada y Maritza Uribe. Muy pocas. Ningún deportista. Son perfiles escritos en el lenguaje reseco que las enciclopedias (y los profesores) estilan. Sin buena prosa, ni una mirada atenta sobre el personaje, hasta la biografía de Marilyn Monroe parece un currículo. Con todo, este volumen puede ser un buen insumo para futuros trabajos del género. El tomo Procesos históricos es el más jugoso. Estudia el valle geográfico del río Cauca desde el cenozoico. Repasa con claridad y síntesis la vida de los habitantes prehispánicos del Valle, las pesadillas de la Conquista y la Colonia, las “Secuelas de la independencia y la crisis de la hacienda esclavista (1821 – 1858)”, las migraciones, el crecimiento económico a partir de los años 70. El capítulo más flojo es “El surgimiento del narcotráfico”. Escrito con pinzas y amordazado para que calle los nombres de políticos vigentes y actores encopetados del Proceso 8000, el capítulo naufraga en un mar de generalidades insulsas y demuestra una vez más que el académico crítico y el cacao diplomático no formarán nunca un buen equipo. Pero hay que reconocer que estamos ante una obra que enriquece de manera sustancial la historiografía del Valle del Cauca.P.D. Deplorable el cierre de una columna reciente de Ramiro Bejarano: “[…] Y eso sin contar con la incertidumbre de Cali, gobernada ahora por otro momio impredecible que cambia de partido como de camisa”. (En su jerga, momio significa viejo). ¡En qué país vive Ramiro! Aún no se percata de que Cali está enderezando el rumbo con una espléndida minga de viejos y jóvenes, de pobres y ricos. Olvida, él, que ya no se cocina en dos aguas, que los viejos han sido siempre el gran capital social de las naciones. Lamentable salida de un columnista valiente y liberal. Ramiro debe salir de su burbuja bogotana, darse una vuelta por el Valle, hablar con la gente y distinguir, entre la dirigencia vallecaucana, los pillos de toda la vida, que él conoce y fustiga muy bien, y los líderes que trabajan con talento y probidad, a los que conoce muy mal.

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