Los fans de Mario

Octubre 21, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El sábado antepasado el chat de mi columna en El Espectador colapsó por el alud de comentarios de los lectores. ¡Más de cien! Había allí rosas y tomates. Más tomates que rosas, a decir verdad, y todo porque dije que Vargas Llosa era, comparado con Borges, Gabo, Rulfo y Neruda, un escritor de segunda fila del hemisferio austral. Alguno dijo que yo estaba muerto de la envidia. Creo que sobreestiman mis ambiciones. Es como pensar que estoy molesto con Angelina Jolie porque ella anda con el monito ese en lugar de fijar sus ojazos en este apuesto columnista.Otro dijo que yo era un novelista mediocre. Es el colmo. Que me llamen mediocre mediocre vaya y venga, pero lo de “novelista” es una sindicación que me ha herido en lo más hondo.Sin nombrarme (seguro piensa que si lo hace me consagra) Juan Carlos Botero atacó la tesis central de mi columna: Vargas Llosa no ha creado un solo personaje memorable. Para refutarla, Botero hizo una lista de la espléndida galería de personajes de Vargas: el ‘Pichula’ Cuéllar, la niña mala, el barón de caña brava, el Jaguar, Mayta, Alberto, Roberto, Ruperto “y muchos más”. Me rindo. Ante semejante constelación, ¿qué significan los nombres de Úrsula Iguarán, el coronel Aureliano Buendía, Amaranta, Pedro Páramo, Susana San Juan o la Maga? Nada. Son nombres escritos en el agua... ¡Lo mejor fue que en el chat de Botero todo el mundo entendió que se refería a mi columna y lo molieron! Hombre, Juancho, hagámonos pasito, ¡al fin y al cabo tú y yo nos estamos disputando coco a codo el puesto 47 en el escalafón nacional!Cuando dije que Vargas era bello, rico, talentoso, suertudo y peruano, nunca pensé que la excelente poeta Leonor Fernández Rivas, columnista del gran rotativo Occidente, encontrara ofensivos estos adjetivos; en especial “peruano”. Para vengar el honor de Vargas me escupió una palabra tremenda: ¡Palmireño! Caramba, Leo, estás enriqueciendo el diccionario universal de la injuria. Pero el defensor más tremendista de Vargas hasta ahora es el señor que fue capaz de escribir en la Gaceta de El País que García Márquez padecía de “verborragia lírica”. Semejante disparate en boca de uno de los mejores periodistas de Colombia, José María Baldoví, sólo puede ser una provocación. Pero lo que empieza mal tiende a empeorar: añadió que Vargas es superior a Gabo porque la literatura de Vargas es citadina y la de Gabo rural. ¡Recórcholis! Con este criterio podemos demostrar que cualquier rapero es superior a Miguel Hernández. No contento con acuñar la exótica tesis, nos restrega que mientras Vargas escribe periodismo sobre los grandes temas de la política mundial, Gabo escribe sobre Shakira. Hombre, José María, hasta tus nietos saben que Shakira es más importante y talentosa que todos los políticos contemporáneos juntos.Sumando errores, remata anotando que Vargas ha escrito teatro (dramas que nadie ha comentado, por cierto) y varios libros de crítica. Calla, taimado, que es una crítica reseca, desangelada, estilo enciclopedia. ¿Recuerda usted algún postulado poético de Vargas? Yo tampoco. La pobreza crítica de Vargas bordea la indigencia; tanto, que nadie, ni siquiera sus adoratrices más calenturientas, han osado poner su nombre al lado de Valéry, Borges, Reyes, Steiner o Bloom. ¡Más les vale!

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