Los dioses abandonan al Procurador

Julio 23, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El Procurador es un señor que polariza la opinión. Para algunos es un prohombre que ha sancionado a centenares de funcionarios corruptos, el último baluarte de la moral y la fe católica. Otros piensan que tiene dos morales: una muy severa, la que utiliza para juzgar a sus enemigos, y otra -coqueta, morena y trasnochadora- para hacer política al detal y conseguirles chanfainas a la parentela de sus jueces y nominadores.Yo reconozco que ha hecho un buen trabajo en el Ministerio Público (nos libró de ese pichón de pillo que era Juan Carlos Abadía, por ejemplo) pero no concibo que ande esgrimiendo los papiros del Levítico y el monolito de Hamurabi para dirimir los conflictos morales de una nación laica del Siglo XXI. Además, el lenguaje que utiliza y su belicoso protagonismo no riman con la majestad de su cargo.Es quizá por esto que Jehová lo viene castigando duramente. Primero le mandó el tábano de Daniel Coronell, que no se cansa de ventilar las miserias del prohombre. Luego le arrebató la Contraloría y se la entregó a Edgardo Maya, un liberal que está en las antípodas de Ordóñez. Luego le arruinó el intento de infiltrar en el Consejo de Estado a su alfil, la procuradora delegada María Eugenia Carreño. Y ahora salen de allí, por jubilación, tres fichas suyas -Susana Buitrago, Alfonso Vargas y Antonio Velilla- justamente cuando ese tribunal debe responder la demanda de nulidad de la reelección del Procurador interpuesta por Rodrigo Uprimny, quien alega que Ordóñez fue reelegido por magistrados cuyos parientes tenían ‘coloca’ gracias a la magnanimidad del Procurador, una buena obra que está expresamente prohibida en el artículo 126 de la Constitución.Que la ley condene la gratitud de los magistrados y no aprecie las obras de este buen samaritano, comprueban mi tesis: Ordóñez cayó en desgracia ante la divinidad por soberbio, o el Levítico no aplica en el Siglo XXI. Como si fuera poco, el Procurador enfrentará en el Consejo de Estado a tres magistradas insobornables: Stella Conto, Lucy Jeannette Bermúdez y Sandra Lisset Ibarra.Lucy Jeannette Bermúdez jugó un papel clave en los procesos que concluyeron con la destitución de los magistrados Alberto Rojas Ríos, Francisco Ricaurte y Pedro Munar, todos cercanos al Procurador e incursos en las trapisondas politiqueras conocidas como “la puerta giratoria” y “el carrusel de nombramientos”.Sandra Lisset Ibarra votó en contra del reciente y lamentable fallo que restituyó en el cargo a Alberto Rojas Ríos, quien tiene en su prontuario, además de los cargos anotados, la estafa de viudas y una amistad muy estrecha con Jorge Pretelt (la ponencia de Ibarra contra Rojas fue derrotada por los cuatro conjueces del caso).Stella Conto ha ganado dos veces el Women’s Link, premio que se otorga por fallos que rompen los estigmas de género; votó a favor de la perdida de investidura de Roy Barreras, acusado de tráfico de influencias en el sector de la salud, y votó contra los senadores que quisieron introducir una tribu de orangutanes en la abortada Reforma de la Justicia del 2012.Con todo, el Procurador puede dilatar largamente el proceso a punta de recusaciones, impedimentos, objeciones de forma y todo el arsenal de leguleyadas que domina como nadie. De manera que lo más probable es que tengamos Ordóñez para rato.Dejando de lado al polémico sujeto, hay que saludar el hecho de que en la maltrecha justicia colombiana aún queden magistrados tan honorables como estas tres altas señoras. ¡Chapeau!

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad