Los cinco grandes

Marzo 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

En diciembre la periodista María Isabel Rueda publicó con el sello Planeta Casi toda la verdad, una compilación de sus entrevistas a “los cinco grandes de mi generación”: Enrique Santos, Juan Gossaín, Felipe López, Yamid Amat y Álvaro Gómez. A pesar de la carátula (unas caricaturas espantosas y un diseño digno de Panamericana) el libro es sustancioso. Una de las lecciones que deja es que en la teoría del periodismo se enredan incluso los grandes del oficio. La objetividad, por ejemplo, es un concepto que les cuesta explicar, aunque Yamid, hay que decirlo, lo capotea hábilmente: “Yo odio a Andrés Felipe Arias, por ejemplo, pero trato de que este sentimiento no interfiera en mi trabajo”. En ese verbo tan sincero, “trato”, está todo el drama y el secreto del buen periodismo. Y cuando le preguntan cuál es la principal cualidad de un periodista, echa mano de la respuesta de Kapuscinski: “No hay nada más peligroso que un periodista perverso. Un periodista debe ser buena persona”. Una definición bella, sencilla e inútil, pero en labios de Yamid suena bien.Gossaín, en cambio, se saca un ojo tratando de demostrar que dos sinónimos exactos, imparcialidad y neutralidad, son en realidad antónimos (pág. 124). Felipe López, el dueño de Semana, no se enreda en la cuadratura del círculo de pasión-objetividad-neutralidad. Para él la clave es la independencia. Es decir, sea rico, talentoso y de noble cuna, como él o como Antonio Caballero, y podrá publicar las infamias del presidente, de los ministros o de los cacaos, y lo aplaudirán el presidente, los ministros y los cacaos, y hasta pautarán en su revista.Dice también don Felipe que no hay boom de revistas en Colombia. “En los ochenta había siete u ocho revistas semanales en Colombia: Cromos, Al Día, Nueva Frontera, Hoy x Hoy, Guión, Consigna, Vea. Hoy la única revista semanal es Semana (es mejor ser redundante que hebdomadario). Hasta Cromos se volvió quincenal”. Y está seguro de que el futuro del periodismo es el análisis y la opinión. Ese es el plus del periodismo escrito, que no puede competir con la velocidad informativa de internet, e incluso el plus de los noticieros de televisión. La supervivencia de The Economist, el triunfo de los noticieros de Fox sobre CNN, la vigencia de Semana y el repunte de El Espectador, parecen darle la razón a don Felipe. Nos recuerda también este libro que en Colombia la censura no ha descansado un solo día: Jaime Michelsen le quitó la pauta a El Espectador por las denuncias del periódico sobre la defraudación a los ahorradores de Bancolombia, y Samper no le renovó la licencia al noticiero QAP por su beligerancia en el Caso 8000. Para hacerle venias a Álvaro Uribe, Santodomingo botó a Yamid de Caracol. Con idéntica obsecuencia, El Tiempo se autocensuró y cerró la revista Cambio (al final se quedaron sin Cambio y sin el tercer canal. Jijiji…)M. I. Rueda escribe con claridad y síntesis, como le enseñó su maestro Álvaro Gómez; contrapregunta sin compasión, no soslaya ningún tema, por delicado que sea, y ha vivido siempre en el frente de onda de la información y del poder. Con estos elementos armó un libro que ayuda a medio entender la historia reciente del país. Y digo “medio” porque, como su título advierte, contiene casi toda la verdad.

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