Lo segundo es lo primero

Lo segundo es lo primero

Octubre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Aunque la palabra sugiere algo secundario, los accesorios son lo más dinámico de la moda, los que mejor subrayan esa condición efímera que es la principal característica de ese frenético mundo. La moda renace muriendo. “Pasando de moda”. Mientras ciertos números del traje evolucionan de manera lenta (el lugar del talle, la longitud del vestido, la profundidad del escote, la audacia de las aberturas), los ‘detalles’ cambian rápido: los lacitos, las gorgueras y las arandelas cambian casi ante nuestros ojos, como las gafas, los relojes, las lociones, el maquillaje y las joyas.Un hito-fashion clave fue el que se produjo en 1913, cuando Paul Poiret incluyó joyas falsas en sus colecciones, algo impensable entonces en el mundo de la alta costura, que consideraba lobísimo todo lo que no fuera auténtico. En 1927 Vogue se rindió: “Lo sintético es el signo de nuestro tiempo. El hecho de que las perlas, las pieles o las sedas sean artificiales, no les resta elegancia”. Coco Chanel encontró en el vestido negro, color que acababa de imponer, el fondo perfecto para hacer refulgir grandes piezas de bisutería en su colección de joyas de 1932. “Quiero cubrir de constelaciones el cuerpo de la mujer”, explicó. Colaboró en esta revolución un truco descubierto en el Siglo XV, las faces, el arte de tallar las piedras hasta convertirlas en poliedros de muchas caras para que la joya reflejara la luz en todas las direcciones y no quedara un ojo ileso en el salón, que siempre hubiera un destello encandilando a los hombres desde una mano, desde un lóbulo o desde el abismo de un escote. Pero Chanel llevó más allá la onda sintética. Harta de los aromas florales, del jazmín, el vetiver, el lirio, la rosa o la lavanda, ideó una fragancia deliberadamente artificial. Su parfum quedó flotando para siempre en la atmósfera desde el momento en que Marilyn confesó que unas gotas de Chanel Nº 5 era todo lo que se ponía para dormir. Otro accesorio paradójico son las gafas oscuras. Ignoro a quién se le ocurrió que ocultar los ojos podía tener un efecto súper chic. El hecho es que funcionó y las mujeres, que antes se escondían tras de un abanico, pudieron darse una aire de misterio detrás de sus gafas oscuras. Gatunas en los años 50, redondas a lo Lenon en los 60, grandes como las de Jaqueline Kennedy y Elton John en los 70, o con un remake de dos líneas de Ray-Ban como ahora, las gafas oscuras son ya un elemento clásico del paisaje urbano (una de las líneas es el marco que usa Woody Allen, aunque con lentes claros; la otra es la deportiva, la que estrenaron los aviadores estadounidenses en la Segunda Guerra y la que aún lucen en sus ‘safaris’ sobre el tercer mundo). Los primeros ‘dispositivos móviles’ fueron los relojes de bolsillo de los hombres del Siglo XIX. Hacia 1930 las mujeres, cuyos trajes ceñidos no toleran bolsillos, empezaron a usar relojes en brazaletes extensibles en las muñecas y sepultaron el reloj de bolsillo. Hoy otro móvil, el celular, está marcando el fin del reloj de pulso. El que termina será recordado como el año en que esas locas incorregibles nos sorprendieron con esmaltes de colores inéditos para las uñas (verde, amarillo, azul oscuro…) y, el colmo de la audacia, con un color diferente para cada uña. ¡Qué no harán mañana!

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