La salud decapitada

Mayo 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hace veinte días Alfredo Carvajal tocó en su columna el tema de la corrupción en la salud. Dijo que el problema afectaba a algunas EPS, y que acusarlas a todas era una “generalización perversa”. Se equivoca perversamente el patriarca. Lo que está en crisis es el sistema de salud, no algunas empresas, y uno de los factores clave de la crisis es la corrupción generalizada del sector, como lo demostró el caso de los repagos del Fosyga, escándalo que salpicó a muchas EPS, entre ellas varias de las más poderosas del país; escándalo, por cierto, al que le están echando tierrita a pesar de su monto y gravedad: en sólo SaludCoop, el detrimento patrimonial fue de 1,3 billones de pesos.Las decenas de miles de quejas por mala atención que llegan anualmente a la Procuraduría, más las decenas de miles de usuarios que no denuncian los atropellos de las EPS, no pueden considerarse “casos aislados” de corrupción.La contratación por capitación, es decir, al por mayor, no por evento, perrateó la atención en todo el país en fisioterapia, bacteriología, enfermería, medicamentos, especialistas, etc. Se trata de una modalidad por la cual la EPS contrata los servicios de una IPS para que le atienda un número ilimitado de pacientes al mes por una suma fija mensual. Esto conlleva a que una IPS de fisioterapia, digamos, le haga una sola sesión por semana a sus pacientes, contrate estudiantes de fisioterapia en lugar de profesionales, programe sesiones colectivas de ejercicios, como si se tratara de una sesión de aeróbicos en un gimnasio, o ponga al pariente del paciente a que le haga los masajes (no estoy haciendo caricaturas: hablo de aberraciones que he comprobado personalmente). La capitación no es perversa per se, claro. La infamia estriba en entregarle a una IPS volúmenes de trabajo superiores a su capacidad, y que ni la EPS ni la Superintendencia se ocupen de hacer cumplir unos estándares mínimos de calidad, ética y respeto. Y todo porque las partes, la EPS y la IPS, se preocupan sólo de minimizar costos, como si estuvieran fabricando pasteles baratos.Siguiendo esta pauta estúpida y “gerencial” (y criminal), los directores médicos de las clínicas y los auditores de las EPS pasan por encima del criterio del especialista y rechazan medicaciones, traslados, exámenes, consultas y procedimientos urgentes, con las funestas consecuencias que podemos imaginar. Sugerencia para las EPS: ¿por qué no botan a esos molestos especialistas y los reemplazan de una vez con administradores de empresas?La sociedad, los medios de comunicación y el gobierno tienen que rescatar ya la salud de las garras de los mercachifles y los burócratas que la tienen cooptada. En esta batalla los médicos deben jugar, al fin, el papel que les corresponde. Llevan años rezongando en privado y callando en público para salvar el pellejo, pero ya es hora de que hablen duro. No es necesario que den nombres propios. Nadie les pide, por ejemplo, que revelen que la cadena de farmacias X, ama y señora de la capitación de los medicamentos, es propiedad de una destacada líder política vallecaucana. Pero sí pueden y deben proponer soluciones para los complejos problemas que infestan al sector. De lo contrario corren el riesgo de quedarse, como hasta ahora, con el pecado y sin el género.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad