La plana rectifica

Noviembre 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Anoche tuve un mal sueño. Aunque no soy experto en la interpretación de las cifras de los sueños, estoy seguro de que este no encierra nada bueno. Llevado por esta corazonada, para hacer un acto de contrición de mis erráticas columnas y pedirles perdón a los ofendidos, escribo esta Plana.Por ejemplo: alguna vez tildé de “sesgadas” las columnas de Diego Martínez Lloreda, uno de los más claros y corajudos periodistas del país. Era una acusación tonta porque el sesgo es el alma de los artículos de opinión. Y de la información. La diferencia estriba en que el sesgo de la información es vergonzante, morrongo, embozado; el sesgo de la opinión, en cambio, es frentero.Otra vez, a mi jefe Luis Guillermo Restrepo, que me enseñó las vocales de este oficio, lo acusé de ser demasiado “obsecuente” al entrevistar al entonces presidente Álvaro Uribe de una manera un tanto… obsecuente. Esa es la palabra. Siempre elegante, Restrepo no se inmutó. A esa águila la tienen sin cuidado los comentarios de este colibrí parlero.Otra vez la emprendí contra Fabio Martínez, el licenciado de Usaca. Todo empezó porque me llamó provinciano, algo que no toleramos los provincianos. Entonces le dije que yo no le envidiaba ese cosmopolitismo que lo había llevado a mendigar en el metro de París y a conocer por dentro una cárcel de Canadá por golpear a una mujer, una prima de la poeta Ana Milena Puerta. Qué horror (mis modales, quiero decir).También hablé mal de otro columnista, gordo él, alto, negro, conservador, anglófilo, pobre y facho. Claro, no hay nada de malo en ser gordo, o negro, o pobre, o facho, pero ser todo esto a la vez resulta un tanto excesivo, asaz incoherente, digo yo.Con frecuencia hago chistes flojos contra Jehová, esa divinidad irascible, pero no será esto lo que me chamusque el alma. Él sabe que soy un hombre bueno; es solo que no he recibido la gracia de la fe. Eso es todo.Dije que Óscar López y Mario Fernando Prado moraban en las páginas sociales, lo que bien visto no es deshonra. Puede ser un destino arduo (en los cócteles hay que permanecer de pie, hablar con señoras de edad y tomar vino de caja) pero no conlleva indignidad alguna.También he injuriado a la gobernadora electa, que ha hecho tantas cosas… y al actual, gobernador, que no hizo absolutamente nada y morirá con el sudor por dentro. Como quien dice, palo porque bogas… Para ambos, mis más ruborizadas excusas y un firme propósito de enmienda.A Gloria H le critiqué su eclecticismo, esa filosofía suya que conjuga psicología ortodoxa, esoterismo new age, física cuántica y dilianismo tierno, mezcla que puede ser exótica pero también audaz.A veces La plana da un giro insólito y aplaude a sujetos tan discutibles como Pablo Felipe Robledo, ese funcionario que se empeña en atacar a los desvalidos (la Empresa de Energía de Boyacá, Comcel, Telmex, Grupo Nule, los arroceros, los azucareros, las farmacéuticas) y defender a los consumidores, esas arpías.Hay dos amigos que recogieron un guante que no era para ellos y se “delicaron”, para usar este delicioso neologismo acuñado por los jóvenes. Los extraño mucho. ¿Qué debo hacer para recuperar su amistad? Para lograrlo, estoy dispuesto a todo, a abrazar el dilianismo y el veganismo, tomar vino de caja escuchando música new age, guardar fidelidad y cocas plásticas, agotar los anaqueles de la literatura de superación y acompañar a los testigos de Jehová en su apostolado dominical puerta-puerta. Lo que sea. Incluso leer mis libros. Lo prometo.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad