La gloria plástica

La gloria plástica

Abril 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

¿Es usted un artista plástico emergente? ¿Pinta, graba o esculpe cosas raras? ¿Hace videoarte, performances, instalaciones, obra gráfica, fotografía, arte electrónico? ¿Quiere que alguna obra suya se cotice por encima del millón de dólares? No hay una receta infalible, claro, pero le tengo unos ingredientes que no pueden faltar. En la pócima intervienen tres revistas, dos casas de subastas, algunas academias, cuatro premios, una feria (la de Basilea), ciertas bienales y un selectísimo grupo de promotores, coleccionistas, marchantes, dealers y curadores.Pero vamos por partes, usted debe empezar por las vocales: la rosa cromática, los bodegones, el figurativismo, etc. Luego debe subvertirlo todo, romper el marco, meterse la estética clásica por el fundamento, fraguar un pequeño cisma y hacer algo que humanos ojos hayan visto jamás. En este punto usted está listo para asistir a una academia cara (unos 25 mil dólares por semestre), el Instituto de Arte Californiano, por ejemplo; allí, cinco críticos de renombre harán pedazos su cismática obra y le explicarán que los orinales ya no son originales, que fracturar la perspectiva, colgar asientos y ensartar camisas ya pasó de moda, también la automutilación y la disecación de vacas, como en Hirst, y que tampoco sirve hacerle un hueco muy chiquito a la mandolina para que esta se vea, en comparación, monumental; ni empelotar multitudes ni hacer rectángulos bellos, como los de Mondrian, ni tratar, como Rothko, de minimizar el minimalismo y alcanzar la apoteosis de la simplicidad.Estos cinco señores lo entrenarán en un arte menospreciado, la retórica, una herramienta clave en el conceptual mundo contemporáneo. Hoy, es más fácil vender cantantes tiesos y feos, que a un artista plástico mudo. Los dos tercios del valor de una obra residen en la sustentación.Luego, el aprendiz de brujo debe ganar un buen premio, por ejemplo el que otorga la Tate Modern, o al menos figurar entre los cuatro nominados. En este punto, las cosas empiezan a facilitarse. Es probable que en los días siguientes reciba una llamada de New York (Artforum, New Yorker, New York Times), preferiblemente de Artforum, una revista seria pero que no publica reseñas negativas: sólo se ocupa de obras con mucho potencial. Estas son las publicaciones por las que se guían los curadores de las principales bienales del mundo: Venecia, Estambul, Lyon, Berlín, Santa Fe, La Habana, Shangái, Moscú. Si lo invitan a cualquiera de estas, usted está pisando el umbral de la gloria; pero si lo invitan a Venecia significa que ya puede pintar lo que quiera; es más, puede dejar de hacerlo y empezar a mover los hilos para que sus obras estén en la feria de Basilea, la preferida por los grandes coleccionistas, o en las subastas de Christie’s o Sotheby’s (ahora la teoría es estadunidense pero la ‘práctica’ sigue siendo inglesa).Por este camino usted tiene una alta probabilidad de acceder a sus quince minutos de gloria, que es la dosis personal que soportan estos frenéticos tiempos, según Warhol. No pida más. Recuerde que se puede engañar a muchas personas durante algún tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo durante mucho tiempo.(Fuente: Ana Cristina Vélez, Siete días en el mundo del arte, revista Universidad de Antioquia, # 307)

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