La agilidad de los “lentejos”

Noviembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Para nadie es un secreto que la corrupción es un problema mayor que la guerrilla, el narcotráfico, la delincuencia común y el invierno juntos. Se estima que catorce billones de pesos (el 10% del presupuesto nacional) se van por ese agujero negro cada año. Por eso el Ministerio del Interior decidió recoger la propuesta del Partido Verde y presentó a consideración del Congreso un estatuto anticorrupción especialmente severo. El estatuto afina herramientas preventivas contra la corrupción, inhabilita para negociar con el Estado por cuatro años a los contratistas que financien campañas políticas, propone inhabilidad de por vida y penas de cárcel de hasta 18 años a los funcionarios que incurran en conductas criminales, elimina todos los beneficios penales (rebaja de penas, libertad condicional, detención domiciliaria) para las personas incursas en los delitos contra el erario y suprime la figura del Zar Anticorrupción, despacho que ha jugado un papel francamente ruso frente al problema.De manera inexplicable, la propuesta llevó polvo desde el 2 de octubre, fecha en que fue radicada, hasta ayer, cuando al fin la Comisión Primera del Senado decidió, a regañadientes, empezar su estudio. Adivinen quién controla esta instancia: ¿El PIN? ¿La U? ¿El Polo? No, el presidente de la Primera es el conservador Eduardo Enríquez Maya. Algunos dicen que Enríquez le está haciendo un mandado al grueso de la clase política. Otros piensan que se está vengando del Mininterior por haber botado a varios conservadores de ese despacho.Yo creo ambas versiones. Ese partido nunca se distinguió por su brillo ético, intelectual ni político, pero ahora anda peor. Ya no es un partido sino una bolsa de empleo. La mejor, hay que reconocerlo. Tiene entre sus garras cinco de los once ministerios: Agricultura, Hacienda, Minas, Vivienda y Cultura. ¿Cómo ha logrado un partido que anda de capa caída desde los tiempos del Frente Nacional alcanzar jugosos botines con Uribe y ahora con Santos? Su estrategia puede resumirse en dos palabras: servilismo y disciplina. El Partido Conservador renunció a la Presidencia de la República, al ejercicio de la oposición (labor clave en una democracia) y, piedra de toque, mantiene una disciplina de bancada admirable. A la hora de las votaciones, todos sus parlamentarios respetan las directrices de sus líderes (entre estos hay personas tan notables como Juan Gabriel Uribe y Germán Villegas, y tan sinuosas como Carlos Holguín, ese Julio César Turbay a escala).Los conservadores controlan también buena parte de los seis mil cargos de alto nivel del Estado, funciones que desempeñan con esmerada torpeza pero con esa probidad que han exhibido al frente de la Dirección Nacional de Estupefacientes, el Inpec, Agro Ingreso Seguro, Inco, la Superintendencia de Notariado y Registro, Fondelibertad, la Procuraduría, etc.Y cuando esos beatos no están detrás de maniobras turbias, están al frente de propuestas tan cavernarias como la del presidente del Partido, José Darío Salazar, el senador que acaba de proponer que se penalice el aborto.Ojo, doctor Santos, su principal enemigo no está “por alláaaa en esas lejanías…”, como decía Álvaro Gómez para referirse a las Farc; lo tiene adentro, enquistado en las entrañas del poder, está cebado y es mojigato, rezandero y voraz.

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