Historia breve de las piedras

Abril 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La historia se escribió en piedra millones de años antes de la invención de la escritura. A las primeras frases las llamamos hoy fósiles y fueron posibles porque la piedra no olvida nada nunca. Es el mejor soporte. El soporte. Las primeras construcciones humanas fueron los cortavientos, unos muros curvos hechos con piedras arrumadas en las llanuras para protegerse de las corrientes heladas del invierno. Sobre un monolito de diorita de dos metros de altura se escribió el primer código de la especie, el de Hammurabi. Sobre panes de limo dorados al sol de Babilonia se estampó la primera escritura simbólica, la primera nomenclatura numérica de posición y los primeros registros exactos de las órbitas de los astros. Sobre tabletas de piedra presentó Moisés a su pueblo el decálogo del irascible Jehová. Los musulmanes se postran cada año ante un meteorito negro al que le piden mujeres y explosivos, ¡y el monolito les concede esas inflamables sustancias!En el Medioevo, los médicos hurgaron con entusiasmo en los cerebros de los locos en busca de ‘la piedra de la locura’. Ahora nos sonreímos, claro, pero aún decimos “le sacó la piedra”, para nombrar demencias pasajeras, furores rabiosos o uterinos. Los alquimistas perseguían la piedra filosofal, un catalizador clave en la trasmutación de los metales y en la destilación de una quintaesencia conocida como el elíxir de la eterna juventud. Oro y belleza, dos brillos…Para resumir una destrucción total, decimos “no quedó piedra sobre piedra”, es decir, ni siquiera un cortavientos. Para honrar algo elemental y valioso a la vez, invocamos una piedra humilde: “… es la sal de la vida”, decimos con fervor.Encontramos piedras a cada paso, desde el blandísimo talco, hasta el duro diamante, pasando por la sal humilde y el mármol soberbio. Están incluso en nuestro cuerpo, en los dientes, los huesos, los cálculos biliares.Los espejos, que ofrecen alta fidelidad cuando en realidad solo sirven para trastocarlo todo, son minerales azogados, piedras copistas, como el cristal de roca. Los pintores impresionistas se refrescaban la vista mirando espejos negros en medio de largas sesiones de trabajo. Los espejos y los imanes no podían faltar en el maletín del nigromante.Los perfectos prismas del cuarzo prueban una vieja sospecha: el Hacedor es geómetra, entre otras cosas.Según el geomántico del siglo XVI, Gaspar de Morales, citado por Eduardo escobar (‘Anulación de las piedras’), el zafiro palidece cuando entra a la casa un impuro, la esmeralda se quiebra cuando su dueño comete un ilícito, el coral fortalece el corazón, el topacio nos previene contra las tentaciones del amor, las piedras verdes curan la nefritis y la epilepsia, el ágata puede dispensar una elocuencia pasajera, y el lincurio, formado a partir de la orina de Lince, es efectivo contra la ictericia.La historia real de las piedras preciosas empieza ayer no más, en el Siglo XVIII, cuando a un joyero holandés se le ocurrió tallar las gemas e inventó las facetas. Los cristales tuvieron entonces tantas caras que sus destellos se multiplicaron y pudieron herir, al tiempo, todos los ojos del salón. La luz entró a raudales por alguna faceta, se refractó muchas veces y encendió las piedras y sus fuegos hipnotizaron para siempre los ojos de la especie.

VER COMENTARIOS
Columnistas