Hecatombe o Santos

Junio 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Quizá un día alguien nos explique por qué un señor muy cuestionado moralmente puede ser idolatrado por gente buena y relativamente bien informada, y convertido en el líder más influyente del país. Y por qué muchos asocian la “seguridad” con su nombre, Álvaro Uribe, si en el periodo 2002-2010 el promedio anual de víctimas del conflicto alcanzó la escalofriante cifra de 450.000 (según la Unidad de Víctimas, entre 1985 y 2013 el promedio anual fue de 216.000). Y por qué le perdonan su mediocre ampliación de la cobertura en educación, sus gabelas a los empresarios en detrimento de los derechos de los obreros, la nefasta Ley Cien, la debacle del sistema de salud y su alcahuetería con los ingenios azucareros y las multinacionales farmacéuticas y otros pecadillos que omito aquí para evitarle náuseas al lector.Por supuesto que Santos no es ninguna pera en dulce y profesa el mismo discutible credo económico de Uribe (omito el nombre de Zuluaga por razones obvias). Pero se equivocan los que piensan que la única razón para votar por él, estriba en su trabajo por el desmonte de las Farc. No. Santos encarna en este momento algo mucho más importante: un vasto proyecto de unidad nacional, de acercamiento de facciones tan disímiles como el Polo y las iglesias cristianas, La Marcha Patriótica y el Partido Conservador, Cambio Radical y los Progresistas, La UP y el Partido Verde, el Partido Liberal y la iglesia católica. A Santos lo están apoyando líderes que nadie imaginó ver unidos jamás en torno a un proyecto de reconstrucción nacional, como Piedad Córdoba y el general Naranjo, César Gaviria y el general Mora, Iván Cepeda y Humberto de la Calle, Antonio Navarro y el cardenal Darío Castrillón, Amparo Sinisterra de Carvajal y Clara López, Gustavo Petro y Rodolfo Llinás, Claudia López y Fernando Botero, Carlos Gaviria y Fidel Cano, Aída Abello y Nicanor Restrepo.¿Estarán equivocados tantos notables juntos? ¿Se equivoca el 95% de los analistas políticos? ¿Cómo fue posible semejante alineación de planetas? Tres grandes fuerzas hicieron posible el milagro: el talento político de Santos, la polarización causada por el “efecto Uribe” (lo único que tienen en común estas personas es el pánico que despierta el regreso de Uribe al poder) y, sobre todo, la voluntad de una nación que ha sufrido por decenios la pesadilla de la guerra y acaricia al fin la posibilidad de la paz, del fin de una lucha costosísima, estúpida y fratricida que solo favorece a los mercachifles de la guerra y a unos cuantos sicópatas que la consideran un juego excitante… o un camino irresistible para saciar su sed de sangre y venganza.PD. 1: Al Valle también le conviene un triunfo de Santos. Esta administración le ha girado tres billones de pesos en cuatro años (el doble de lo que giró la administración Uribe en ocho años) y nos ha dado una participación en la dirección de altos cargos nacionales que no tiene antecedentes en la historia del país.PD. 2: Hay quienes piensan que es necesaria la participación de Uribe en los diálogos de La Habana. Estoy de acuerdo. Su liderazgo y capacidad de ruido son altísimos. Si gana Santos el domingo, su primer acto de gobierno debe ser cursarle una invitación a Uribe para que haga parte del equipo negociador del gobierno. Es un riesgo que el presidente tiene que correr. La oposición es un elemento clave en una democracia y Uribe es su líder más destacado.

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