Harold Alvarado Tenorio

Harold Alvarado Tenorio

Febrero 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Entre los escritores colombianos, nadie tiene un perfil más complejo y controversial que el poeta Harold Alvarado Tenorio. Estudió Letras en la Universidad Complutense de Madrid, fue director del departamento de literatura en la Nacional y del departamento de español del Marymount Manhattan College de Nueva York. Vivió y padeció en China, donde fungió de heterosexual con una bailarina de Shangai y tradujo poesía erótica para la Editorial China Hoy. Tradujo al español a Eliot y a Cavafis. Ha sido traducido a nueve lenguas. Vivió y odió en varias capitales del mundo, reside en Cali y dirige la revista de poesía Arquitrabe. Su obra crítica es extensa y rigurosa. En los ratos libres escupe diatribas contra las principales figuras de la literatura colombiana en una prosa plana y desangelada. A pesar de que su compañero de vida murió a manos de los paramilitares, es uribista confeso.

De su mano salió un poema que le puede valer un sitio en la gloria.

“No hables. Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren. Confía sólo en los niños y los animales, y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado (…) De tus hermanos, ama el que está lejos y teme al que vive cerca (…) Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita, y si llegas a tener hijos, piensa que, como en los juegos de azar, podrás ganar o perder”.

“El destino no existe. Tú eres tu destino”.

“Y si llegas a la vejez, da gracias al cielo pero implora con resignación por tu pronta muerte. Los que no tenemos dinero ni poder valemos menos que un caballo, un perro, un pájaro o la luna llena (…) Los que no tenemos dinero ni poder, llegados a los cuarenta debemos vivir en silencio, en absoluta soledad. Así lo entendieron los antiguos, así lo certifica el presente”.

“Quien no pudo cambiar su país antes de cumplir la cuarta década, está condenado a pagar su cobardía por el resto de su vida. Los héroes siempre murieron jóvenes. No te cuentes entre ellos, y termina tus días haciendo el cínico papel de un hombre sabio”.

Gardeazábal dice que la poesía de Alvarado no tiene antecesores y demorará mucho en tener sucesores. Antonio Caballero dice que, como todos los poetas colombianos, lo que en realidad quiere es ser presidente de la república. José Manuel Arango decía que sus constantes son los viajes al pasado, las máscaras, el juego y la ironía. Cobo Borda dice que su norte es el deseo, que siempre es subversivo. Óscar Collazos decía que HAT viaja por la modernidad enseñando placeres truncos, inflamando revueltas, fijando en la memoria cóleras y heridas, melancolías y asco. Darío Henao dice que, como a su maestro Borges, a Harold lo atormenta el tiempo y se venga con los goces efímeros y la perdurabilidad de la palabra. William Ospina asegura que “Alvarado no nos deja nunca la impresión de un sátiro sin freno sino la de un viejo roble ebrio de salud y de santa impudicia”.

Sí. Como Fernando Vallejo, Harold es un santo que posa de malo. Juega porque sabe que va a morir. Por eso su poesía es una Babel de todos los placeres de la carne y todas las agonías del espíritu y todos los monstruos de la mente.

A las 7:30 de esta noche, Alvarado lanza ‘Etcétera’ en Esquina Latina. Son mil páginas de crítica y poesía a precio de ganga. Betsimar Sepúlveda y yo lo interrogaremos a fondo: su entrevista con Andrés Caicedo el día fatal, sus encuentros con Borges, sus infamias contra Piedad Bonnett. Luego beberemos el vino de la casa y maldeciremos el cielo, como estilan los cínicos viejos.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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