Gracias, míster Trump

Febrero 02, 2017 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Muchos analistas justificaron la elección de Donald Trump como una respuesta de los electores contra la clase política. Es una explicación tan absurda como los decretos de Trump. Si querían protestar, debieron elegir al republicano John Kasich, un conservador moderado, o al demócrata Bernie Sanders, un socialista moderadísimo. O votar en blanco. O abstenerse.Algunas personas creen que Trump ganó a pesar de que excreta mil sandeces por minuto. Se equivocan. Triunfó porque las barbaridades encuentran eco entre los bárbaros (también aquí, para no ir muy lejos, tenemos un líder cuya popularidad sube tres puntos por cada crimen que añade a su abultado prontuario). Allá, como aquí, en Europa o en el Medio Oriente, hay millones de personas que son partidarias de las soluciones de fuerza, de elevar muros y cerrar fronteras, destripar al enemigo con drones o con alfanjes, lapidar mujeres, o al menos ultrajarlas, mentir y ufanarse de mentir, escupir a los gays, agitar las banderas del racismo y atizar las hogueras de las sectas, revivir los nacionalismos, marchar en contravía de la historia, socavar las zapatas de la globalización y echar por tierra los frágiles puentes que la concordia ha tirado sobre las fronteras. A la gente le preocupa que el maletín nuclear esté en manos de “esa cosa naranja”. Pueden estar tranquilos. El de Trump es una copia. El verdadero, estoy seguro, lo tienen a buen recaudo viejos y sensatos generales estadounidenses. Por eso, por sensatos, no han pulsado el botón en los últimos 70 años. Nadie, y menos un general veterano, dejará un juguete tan letal en manos de señores tan bélicos y nerviosos como suelen ser los ‘míster president’.Algunos vaticinan que Trump no termina su periodo. Tienen razón. Ha abierto demasiados frentes de batalla. La industria automotriz. Los inmigrantes. Las mujeres. Los intelectuales. La prensa. Los negros. Los gays. Los musulmanes. Los importadores. Los exportadores de 31 estados norteamericanos cuyo principal cliente es México. El Caléxit (el movimiento separatista de California, la sexta economía del mundo). Los empresarios que hacen fortuna, dentro y fuera de Estados Unidos, con la ganga de la mano de obra del tercer mundo. Y los bancos, por supuesto, que no tolerarán al chambón que pretende hacer populismo con lo más sagrado, con lo único sagrado, el oro.Todas estas fuerzas se encargarán de que Trump modere sus ímpetus de divo otoñal. O Renuncie. O se muera. Los Kennedy, John y Robert, eran más dóciles. Y se murieron. La ‘cosa gringa’ no se anda con rodeos.Hay algo que los analistas no han previsto. El desastre Trump tiene un lado positivo. Ojo y oído para que capten el sentido. Sus ‘políticas’, llamemos así sus decretos omnímodos, fracasarán. Su estilo será (ya es) el hazme reír de todos, cuando no provoquen indignación general. El imperio será más repudiado que en los años 60-70, ese pico ‘antiimperialista’. Los Bush nos parecerán sujetos moderados. Y lo mejor, el fracaso de Trump debilitará a la extrema derecha europea. Perderán un aliado clave los fachos Geert Wilders (‘el Trump holandés’) y Marine Le Pen y la morronguita británica Theresa May, líderes que han declarado abiertamente su simpatía por Trump… y Putin. Y la debilidad de los neofachos europeos afectará al ruso, aliado de sujetos tan repugnantes como Maduro y Ortega.Por todo este futuro orden mundial, gracias, míster Trump.Sigue en Twitter @JulioCLondono

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