Filca contra Spiwak

Marzo 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hay bronca en la cultura caleña. Filca contra el Grupo Spiwak. Filca (Feria Internacional del Libro y las Culturas) es una organización privada que revivió las ferias del libro en Cali con una buena producción en el 2015, certamen que fue patrocinado por Comfandi, la Secretaría de Cultura, Univalle, Icesi y la Fundación Carvajal, entre otras entidades. Spiwak es un grupo liderado por un señor extranjero que viene pisando duro, con eventos y propuestas interesantes, en la cultura y el turismo de la ciudad. La petite histoire es más o menos así. Filca realizó un buen piloto de feria en octubre del 2015 en la Plazoleta Jairo Varela. Este año iba a pulir la faena pero se le atravesó el Grupo Spiwak, que decidió organizar otra feria del libro este mismo año. Como ninguna ciudad del mundo aguanta dos ferias, la Ministra de Cultura propuso que se aunaran esfuerzos y se hiciera una sola, pero al momento de conciliar los intereses criticó la Filca 2015 con su estilo recio y frentero y propuso que la versión 2016 se hiciera con la propuesta de Spiwak. Ofendida, Filca canceló su feria 2016 y se marginó de la ‘Feria Spiwak’, llamémosla así. En una carta pública, la directora de la Filca se despachó contra Spiwak y la Ministra. Dijo que el único interés suyo era crear un momento y un espacio para el libro en Cali, con una propuesta que consultara la etnografía de la región, sin protagonismos vanos ni intereses mercantiles. Yo estuve en la Filca 2015. La muestra editorial fue pobre, hay que decirlo, y los precios de los libros altos, como en todas las ‘ferias’, donde las novedades tienen un estítico descuento del 10% y lo único barato son los saldos. Era rico ir a la Plazoleta Jairo Varela a las cinco de la tarde y escuchar a algunos de las decenas de escritores que nos visitaron, o a las funciones de teatro, música y danza, o a las citas gastronómicas, o asistir a los talleres de promoción de lectura… en fin, fue un buen principio, una espléndida manera de retomar la posta de la Feria del Libro del Pacífico, el certamen que Univalle y Darío Henao realizaron hasta 2012. Ignoro el formato de la ‘Feria Spiwak’. Ojalá se parezca más a la Fiesta del libro de Medellín -gratuita, al aire libre, con gnomos y payasos, un paseo para toda la familia- que a la de Bogotá, con sus hangares faraónicos y tristes, un millón de libros, entradas caras y libros ídem; un evento diseñado solo para beneficio de Corferias y las editoriales. Pregunta cándida: ¿será posible que las editoriales dejen por un momento la angurria (del sánscrito ‘garbimba’) y brinden precios económicos en las ferias? Hay dos clases de compradores de libros. El que compra sin mirar el precio, y el que tiene que pensarlo dos veces antes de invertir cincuenta mil pesos en la compra de un libro. Ojalá las editoriales pensarán más en este segundo cliente; en este heroico y hermoso cliente. Y ojalá la feria del libro de Cali se complemente con un encuentro internacional de escritores, un evento de alto nivel, algo que vuelva a poner la ciudad en el mapa intelectual de Colombia y de la región, como en los años 60 y 70. Los jóvenes de hoy, al igual que los de hace mil años, están muy confundidos. Hay que enviarles mensajes claros y contundentes. Ah, y ojalá la feria no se realice en Chipichape. Sería acabar de confundirlos.

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