¡Felices los felices!

¡Felices los felices!

Mayo 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

¿Qué es la felicidad? ¿Somos más felices ahora que en cualquier otro momento de la historia? ¿El índice de felicidad aumenta siempre, disminuye, oscila de manera caprichosa? ¿Está relacionado con el progreso? ¿Progresamos? Estas preguntas no tienen respuestas concluyentes por dos razones: porque ‘felicidad’ y ‘progreso’ son conceptos relativos, y porque abarcan demasiadas variables.Algunos sociólogos consideran que la felicidad está relacionada con el bienestar, y deducen que la humanidad es más feliz ahora porque los índices de desarrollo humano han mejorado (educación, nutrición, expectativa de vida, derechos humanos) pero muchos colegas suyos consideran discutible afirmar que el citadino contemporáneo sea más feliz que un campesino medieval o un indio precolombino. Los psicólogos tienden a considerar que la felicidad es un sentimiento subjetivo y le restan importancia a la influencia de los avances tecnológicos. El campesino medieval, afirman, no echaba de menos la electricidad ni los analgésicos, y el citadino contemporáneo no los aprecia mucho. Son ya parte del paisaje. Nadie exclama, ¡tenemos energía eléctrica, qué felicidad!Lo innegable es que hay personas que se jactan de su felicidad y otras que confiesan ser mortalmente aburridas. Para mí, son más llevaderos los segundos. Son sinceros. Y somos mayoría.La mejor prueba del aburrimiento general es la proliferación de las diversiones. Si el mundo no fuera aburrido, no inventaríamos tantos viajes, payasos, fiestas, licores, antidepresivos, pantallas, centros comerciales. Si fuéramos de verdad felices, seríamos más humildes, menos vanidosos.Los felices se dividen en dos grupos. ‘Los delirantes’ ven todo color de rosa. En su mundo revolotean mariposas, bambis y ardillas. Pertenecen a este grupo los enamorados, el presidente, los bandidos que acaban de ‘coronar’ un negocio y los estudiantes el viernes por la tarde. ‘Los misteriosos’ son superhombres que construyen su felicidad sobre la incoherencia. ‘Los delirantes’ son felices porque el mundo es perfecto, incluidos ellos. “Tengo dos ojos, dos manos, el sol brilla”, etc. ‘Los misteriosos’ aceptan que el mundo es un desastre pero esto no perturba su armonía porque ellos son superiores. El mundo arde y ellos cantan. Aquí radica su incoherencia. Pero no piense usted que son egoístas. Jamás. Es solo que saben algo que los aburridos ignoramos. Para ellos, todas las pestes del mundo (guerras, hambre, injusticia, virus, desastres naturales) hacen parte del vasto plan cósmico de una Inteligencia Superior, como ellos mismos. El credo de ‘los misteriosos’ está resumido en una línea de Desiderata: “Sea que te resulte claro o no, ¡el universo marcha como debiera!”. ¡Ja! ¿Cómo supieron ‘los misteriosos’ para dónde marcha el bendito universo y quién les dijo que ese apestoso camino es el correcto? Averígüelo, Vargas, porque ellos no sueltan prenda. Por eso son llamados ‘los misteriosos’ (Chopra y Coelho son algunos de los faros de esta secta).Mientras los felices retozan en su burbuja, los aburridos tratan de combatir las pestes y engrasan los chirriantes ejes del planeta en medio de pocas mariposas y muchos ogros. Envidian con ternura a ‘los delirantes’ (felices los felices, como reza un evangelio apócrifo) y hacen de tripas corazón para soportar a ‘los misteriosos’. Nuestra divisa es humilde pero férrea. “Nada se construye sobre la roca; todo, sobre la arena. Pero nuestro deber es construir como si fuera roca la arena”.Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas