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Marzo 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La bandera más aireada de la primera mitad del primer periodo de Santos fue la Reforma de la Justicia (la bandera de la paz era entonces un as bajo la manga). Con la premisa de que la Justicia es el eje del Estado de derecho, el Gobierno se la jugó por la Reforma en el Congreso con Germán Vargas (Vivienda), Juan Carlos Esguerra (Justicia), Federico Renjifo (Interior) y Simón Gaviria (senador liberal y punta de lanza de la Unidad Nacional en el Congreso). Ese equipo logró que se aprobara un proyecto de ley que limitaría el poder del Presidente de la República y pondría fin a la «Comisión de Absoluciones», al Consejo de la Judicatura y al carrusel de nombramientos entre los magistrados y la parentela de los senadores.El texto de la Reforma surtió los debates de rigor, el borrador final pasó a un Comité de Conciliación de la Cámara y finalmente fue aprobado en la plenaria del Senado.Cuando se publicó, la sorpresa fue mayúscula, la indignación nacional desbordó todos los pronósticos y hasta el Presidente salió a correr tras los senadores gritando «¡cójanlos, cójanlos!». La Reforma aumentaba las gabelas de los senadores y los magistrados, reforzaba el blindaje del fuero de los senadores ante la Justicia y contenía cláusulas que podían significar, en la práctica, la caducidad por vencimiento de términos de los procesos en curso contra decenas de parapolíticos.Vargas Lleras y el Presidente dijeron que habían sido traicionados por los congresistas; Renjifo balbució unas frases en perfecto francés, algo como: «Je ne sais pas… je suis atortolé… »; Esguerra denunció que fue sacado de malas maneras del salón de la Comisión de Conciliación (allí estaba Roosevelt, un buen hombre de la U que le saca a pasear el perro a la futura gobernadora del Valle, y no dijo ni mu ante el atropello a un ministro de su partido) y Simón Gaviria, que confesó ruborizado que no había leído el texto (parece que solo lee inglés). En realidad su papel fue más activo: no permitió que en la Comisión de Conciliación estuvieran Prada ni Rivera, profundos conocedores de la Reforma, y la conformó con peleles de tres por cinco, como Roosevelt.Finalmente el orangután fue sepultado por iniciativa presidencial, Santos salió del atolladero con manchas apenas perceptibles, Vargas Lleras llegó en hombros a la Vicepresidencia en 2014, Esguerra cargó con toda la responsabilidad política y renunció, Simón recibió luego la Dirección de Planeación Nacional por su desliz, y Renjifo fue castigado con el exilio en la Embajada de París (fue una sabia decisión. Tenerlo acá era correr el riesgo de que siguiera haciendo los estropicios que había hecho en Minas y en el Interior. Santos es un sabio).Pero aquí no acaba el sainete. El Consejo de Estado acaba de rechazar una demanda de pérdida de investidura de los miembros de la Comisión de Conciliación. En su suprema sabiduría, el Consejo decidió que los conciliadores no habían introducido orangutanes en el texto, ni incurrido en conflicto de intereses al legislar en beneficio propio porque, para la fecha del desaguisado, esta práctica no era delito. Apenas otro desliz.Algunos cándidos pensamos que esta sentencia iba a ser el plato fuerte de los medios en los últimos días. O el caso Pretelt. O el enfrentamiento de los indígenas con los escuadrones del Esmad en el Cauca. Nos equivocamos: el foco estuvo sobre el trascendental y viralísimo video de Nicolás Gaviria. Borracho mata orangután. Facebook dixit.

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