En un lugar inimaginable

En un lugar inimaginable

Julio 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Pregunta: se acaba de realizar un evento que reunió durante tres meses a decenas de escritores, directores de cine, editores, educadores y promotores de lectura. La sede del encuentro fue: a) Calarcá b) Bogotá c) Medellín d) Cali. Si no marcó Calarcá no lo culpo. Conozco ciudades mucho más grandes que realizan varios comités de alto nivel para invitar a dos o tres personajes y les regatean los honorarios. Bueno, lo cierto es que Calarcá realizó con lujo de detalles el III Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, cuyo eje temático fue el cuento. ¿Cómo lo hicieron? Con una minga de instituciones públicas y privadas: la Alcaldía del municipio, la Gobernación y la Universidad del Quindío, Editorial Planeta, la Fundación Torre de Palabras, dirigida por Cruz Ángela Cardona, José Nodier Solórzano, director académico del Encuentro, y Jaime Lopera, director general y autor del mayor best seller colombiano después de Cien años de soledad: La culpa fue de la vaca. ¿Por donde empezaron? Por el principio, preparando al público con el Ciclo Pedagógico Competencias lectoras y escritura creativa de cuento. Fueron tres meses de talleres en 14 instituciones educativas, para familiarizar a los estudiantes con la poética del género y con las obras de los escritores que luego los visitarían. Siguió el Ciclo Audiovisual Del cuento al guión. Esta fase estuvo dedicada a la relación entre el cine y la literatura, e incluyó proyecciones y talleres de adaptación dirigidos por Víctor Gaviria y Lisandro Duque, entre otros. La tercera fase, y plato fuerte del evento, fue el Ciclo Literario Palabra de cuentista, una serie de conversatorios en los que intervinieron editores como Leonel Giraldo (Planeta), Guillermo González (Revista Número) y Elkin Restrepo (revista de cuento Odradek y revista Universidad de Antioquia). A pesar de su larga y divertida charla, estos eruditos no pudieron absolver un viejo interrogante: por qué la novela, esa aparecida, gorda y ripiosa, vende mucho más que el cuento, un género milenario, ingenioso, querido y esbelto. Entre los escritores invitados estaban José Zuleta (Premio Nacional de Cuento 2009), Roberto Burgos y Libaniel Marulanda, quienes discutieron sobre Lo autobiográfico en el cuento; Susana Henao, Julio Paredes, Roberto Rubiano (el mejor cuentista colombiano) y Rigoberto Gil Montoya nos recordaron los nombres de Los precursores del cuento en Colombia. Elías Mejía, Umberto Senegal, María Eugenia Rojas y Leidy Bibiana Bernal hablaron durante tres minutos del minicuento.En un conversatorio con Celso Román (un sabio tranquilo), Orlando Mejía (un sabio pedante) y Enrique Serrano (Premio Juan Rulfo), descubrimos que el cuento moderno empezó con Zenón de Elea, el aporista griego que demostró con rigor lógico que Aquiles no alcanzaría nunca a la tortuga; siguió con Poe, que aunó el cálculo y el horror; con Melville y Hawthorne, que introdujeron el absurdo con sus relatos Bartleby y Wakefield, y alcanzó su punto babilónico con Kafka, un experto en megaproyectos y en postergaciones, el checo que enloqueció las brújulas al poner el nudo en todas partes y el desenlace en ninguna.***Mañana a las 6:30 p.m. Roberto Rubiano dictará en la sala uno de la Biblioteca Departamental la conferencia El cuento, la novela y el tiempo del lector. Entrada libre.

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