Él

Él

Enero 24, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Claudia Morales está hablando sobre su tragedia, da pistas, advierte que tiene “seguros de vida” (dice que hay seis personas que conocen el nombre de su victimario), confiesa que tiene miedo y ha puesto a pensar al país. Gloria H dice que el silencio de Claudia refuerza el poder del hombre sobre la mujer. Paola Ochoa reclama con dolor: “No veo la solidaridad de las divas del periodismo colombiano”. Antonia Pardo sigue esta línea: “¿Será que nos vemos más lindas calladitas?”. Andrés Hoyos asegura, misterioso y clarividente, que este escándalo repercutirá en las elecciones parlamentarias de marzo. El editorial del domingo de El Espectador dice que criticar a Claudia es una perversidad. Para Jorge Gómez Pinilla, y para un buen número de columnistas, todo está claro: fue Uribe, o ‘Élvaro’, como posteó en Facebook el semiótico Eduardo Serrano.

¿Cómo llegaron a semejante conclusión? Atando cabos con las declaraciones de la periodista: Él fue su jefe, es poderoso, infunde temor, está blindado, lo ha violado todo y sigue suelto. Sí, mientras no se demuestre lo contrario, Uribe es sospechoso de cualquier cosa, incluso de la ejecución de buenas acciones, nadie es perfecto. Lo han acusado, vea usted, de ser el líder secreto del castrochavismo, pero afirmar que Uribe y ‘Él’ son la misma persona es por lo menos apresurado. O irresponsable. Casi todos los exjefes de Claudia son hombres con poder y podrían encajar en el perfil de su violador.

¿Qué dice Álvaro Uribe? Nada y hace muy bien. Mientras no reciba una acusación directa, ni acuda en su defensa María Fernanda Cabal, estará libre de polvo y paja, digámoslo así.

Además nadie se imagina al expresidente pataleando con sus crocs sobre una cama urgente, ni librando batallas de alcoba de ningún tipo, ni violentas ni amorosas. Lo único que erotiza a Álvaro Uribe es el poder.

¿Cómo concilia Claudia su denuncia y su prudencia, cómo explica su ruidoso silencio? Ella dice que quiere visibilizar los casos de miles de mujeres que han sido violadas pero no lo denuncian por miedo, o por falta de pruebas, o porque fueron educadas, como ella, en hogares donde no se hablaba de sexo. “En un tribunal, llevo las de perder. Sería mi palabra contra la de Él”, le dijo a W Radio.

Creo que tiene razón en lo primero. Claudia necesitaba vomitar un odio, exorcizar un demonio, y lo hizo a su manera. Lo segundo es discutible. Muchas víctimas de violación denuncian a sus agresores años después, sin prueba alguna, y salen bien libradas. Ningún juez se atreve a condenar una víctima de abuso sexual, y el denunciado recibe siempre una fuerte sanción social, como hemos visto en los casos que involucran a la gente del cine.

Durante la entrevista en la W, hubo dos momentos en que se la vio muy turbada: cuando le preguntaron cómo le había contado el suceso a su padre, y si le gustaría que su agresor confesara la verdad. En ambos casos, Claudia se bloqueó.

Este escándalo no afectará al Centro Democrático. No desalienta a los seguidores decentes porque no hay una acusación concreta. Ni a los otros, la ‘facción Popeye’, digamos, porque para ellos una violación es una pendejada. Pero es un caso importante, especialmente ahora, cuando hace carrera el manifiesto francés (Catherine Denueve y compañía) que considera que el acoso sexual está sobredimensionado. Es una posición mundana, tranquila, muy propia de mujeres que no han llevado por años la furia y el asco de un ultraje sexual.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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