El puñal, el espejo y la moneda

Marzo 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

De los oficios humanos, tal vez ninguno haya sido tan decisivo en la configuración de nuestra historia como la metalurgia. A ella le debemos por lo menos tres instrumentos básicos: el puñal, el espejo y la moneda. El paso del hacha de piedra al puñal metálico es comparable al paso de la escritura jeroglífica a la fonética. Para lograrlo fue necesario el control del fuego y la invención de los altos hornos. Fue un invento tan definitivo que marcó el fin de la edad de piedra, y nos ayudó a consolidar una de nuestras vocaciones más fuertes: el asesinato. Con el tiempo, del ‘íntimo puñal’ salió el arado, y del surco las primeras tribus sedentarias y la ciudad.Los espejos eran muy populares entre los chinos, pero los maestros del reflejo fueron los romanos. Ellos descubrieron que la mejor aleación combinaba un 24 ó 25% de estaño, un 6% de plomo y el resto de cobre. Que el espejo haya brillado más en tierra de Calígula, Marcial y Mesalina, en el imperio del lujo, los lupanares y la vanidad, es algo que no debe sorprender a nadie. Los espejos ayudaron a la formación de la identidad personal y pudieron influir en el nacimiento del individuo en la Baja Edad Media, un suceso que conforma, junto con el apogeo de la estética y la aparición del capital, los vectores centrales de la modernidad. Las primeras ‘monedas’ fueron cosas útiles, artículos de valor real: vacas, cocos, sal, cacao -la moneda de los aztecas-. Del latín pecunia (ganado) viene pecunio; de sal, salario.Que se nos haya ocurrido establecer como valor universal de cambio algo tan inútil y abstracto como una moneda, es prueba del genio de la especie. El cabezazo sucedió en Lidia, en lo que hoy es Turquía, hacia el año 635 a.C. Las primeras monedas estaban hechas de electro, una aleación de oro y plata presente en la naturaleza. Tenían más o menos el tamaño de la segunda falange del dedo pulgar. Era un pequeño lingote que luego, cuando lo aplanaban con un sello que tenía una cabeza de león, tomaba forma semicircular. El paso del trueque a la moneda ocasionó la aparición de los primeros burdeles y casas de apuestas en la ciudad lidia de Sardis, agilizó el comercio, el trabajo y la mano de obra se convirtieron en mercancías con un valor determinado en monedas, el tiempo empezó a tasarse en metálico, se establecieron nuevos vínculos entre las personas y se debilitaron los lazos familiares tradicionales porque el dinero les permitió a los hijos separarse de su grupo familiar.La democracia surgió en ciudades con economías de mercado y monedas fuertes. La riqueza resultante de este comercio permitió a algunos disponer de más tiempo para el ocio, y coadyuvó a que civilizaciones como la griega descollaran en filosofía, deportes, arte, matemática y política. Si me lo preguntaran, yo elegiría el puñal, el espejo y la moneda, como la terna perfecta para definir la esencia de la humanidad: el puñal es una buena cifra del poco afecto que nos ha merecido el prójimo en todos los tiempos; el espejo es el símbolo clásico de la vanidad, y el dinero es el eje del mundo, el único tótem que no ha perdido poder, la única lengua verdaderamente universal. Allí estamos de cuerpo entero: agresivos, vanidosos y avaros.Tal vez no esté de más añadir que ni las armas, ni los espejos ni el dinero tienen la culpa de nuestra estupidez.

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