El patólogo y la justicia

Agosto 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

A principios de julio de 2007 una muestra de tejido mamario llegó al laboratorio del patólogo José Édgar Duque. El 24 de julio Duque reportó el hallazgo de un “carcinoma ductal de tipo tubular con cambios fibroquísticos”. Con base en este informe, un cirujano oncólogo determinó que el tratamiento a seguir era la extirpación total del seno derecho de la paciente, con vaciamiento de ganglios, procedimiento que realizó el 3 de septiembre de 2007. Pero un nuevo examen al tejido extraído, realizado por otro patólogo, estableció que no se trataba de una lesión maligna sino de una adenosis esclerosante, lesión de naturaleza benigna.Con este resultado en la mano, la paciente, la señora María Teresa Restrepo, presentó una demanda contra Duque el 5 de octubre de 2011 y su reclamo encontró eco. La Justicia consideró que José Édgar Duque era penalmente responsable del delito de lesiones personales culposas y lo condenó a diez meses de prisión y al pago de una indemnización por $4.734 millones, y lo inhabilitó por dos años para el ejercicio de su profesión.La sentencia acaba de ser ratificada por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia.Dejando en claro que mi ignorancia sobre la materia es total, digo que encuentro excesivo el rigor de la sentencia. La sentencia tilda a Duque de conducta “culposa”, pero lo trata con una severidad de sujeto “doloso” y con una sevicia francamente inhumana.“Los médicos nos equivocamos por muchas razones”, reconoce el cardiólogo Adolfo Vera, “pero la principal causa de los errores es la complejidad de nuestro objeto. El cuerpo humano guarda aún muchísimos secretos, pero los jueces actuaron como si la medicina fuera una ciencia exacta y nosotros unos demiurgos omnisapientes”.La Justicia ignoro estas limitaciones y las opiniones de un grupo de expertos, entre estas los peritazgos de los médicos José Fernando Reyes Cardozo, José Joaquín Caicedo Mallarino, Fernando Perry Perry y Liliana Mercedes Moreno, quienes coincidieron en la dificultad de la interpretación de los resultados patológicos, la enorme similitud de los carcinomas y la adenosis, e insistieron en que incluso una prueba más fina, un estudio inmunohistoquímico, por ejemplo, no siempre resuelve las dudas del patólogo.A favor de Duque se han manifestado personalidades como Alejandro Gaviria, el ecuánime y nerdo Ministro de Salud, y Jaime Fernando Guzmán Mora, presidente de la Federación Médica Colombiana y una de las más acatadas autoridades latinoamericanas de ética médica.Ahora, el escenario para los médicos no puede ser peor. Están entre la espada y la pared. Por un lado está la mezquindad del sistema de salud, que les limita el tiempo de consulta y las ayudas diagnósticas. Por el otro está la Justicia, que les exige una perfección sobrehumana. Este fallo puede generar una jurisprudencia muy peligrosa para la práctica de la medicina en Colombia si tenemos en cuenta la complejidad de esta ciencia y, lo que es más grave, la muy discutible reputación de ciertos magistrados.Aunque no tengo el honor de conocerlo personalmente, admiro a Jaime Duque por el respeto unánime que le profesan sus colegas. Ojalá la Justicia corrija el error cometido contra este patólogo emérito de la Universidad del Valle, un hombre que ha dedicado su vida a la cátedra y a la práctica de la medicina con una devoción y un profesionalismo intachables.

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