El ocaso de los líderes

El ocaso de los líderes

Abril 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El mundo recibió de diversas maneras la elección del papa Francisco: en Asia fue una noticia más; en el África Subsahariana, sus declaraciones y estilo han despertado esperanzas (el norte es musulmán); en el norte de Europa ocupó los titulares menos de una semana (en Inglaterra la elección del Papa apenas trasciende el umbral de las casas de apuestas: ¿Será negro? ¿Amarillo? ¿Alto y negro?); en América Latina la celebración continúa; en Argentina se extenderá por lo menos el resto del año y se calcula que, salvo imprevistos, Francisco tendrá más seguidores que Messi en las redes sociales la próxima semana. Pasado el ruido, la pregunta es: suponiendo que el pontificado de Francisco resulte acorde con las expectativas que ha suscitado, ¿cuál será su trascendencia real en el mundo y en la historia? Yo creo que será un líder discreto de la cristiandad, entre otras cosas porque los tiempos del líder ya pasaron. Ahora las decisiones macro las toman las multinacionales, los bancos y unas fuerzas sociales de origen indefinido que se expresan a través de poderosas corrientes de opinión. Estas fuerzas definen qué es lo “políticamente correcto” en un momento dado, y los políticos (e incluso los bancos y las multinacionales) tienden a respetarlas porque su violación puede tener un costo muy alto en las urnas electorales. Obama no era mucho mejor, pero ganó porque Romney fue demasiado incorrecto -en la forma, quiero decir, porque en el fondo eran muy similares: ambos se creían los sheriff del mundo cuando apenas eran los correveidiles del dios Mercado (¿existe otro?). Por lo demás, ya pasaron también los mejores tiempos de las religiones, los del origen, cuando lo fueron todo para todos, cuando fueron cosmos y cosmogonías, historia de las naciones y código civil, cuando la mitología era escrita por los poetas y acatada por los vientos y las briznas de hierba, por los hombres y las bestias, por los astros y los siglos. Incluso pasó ya el segundo tiempo, la ‘edad dorada’, el comienzo de la decadencia, el tiempo fatal de las teocracias, cuando el sacerdote fue rey y dios (el ayatola todavía invoca a Alá en la apertura de sus consejos de ministros, pero luego habla de economía, no de suras).Ahora las grandes religiones están cooptadas por la política, hipotecadas a la economía y mancilladas por escándalos demasiado terrenales, y las sectas pequeñas son empresas familiares dirigidas por un pastor seudoepiléptico que habla ‘lenguas’, cura enfermos leves, acosa a las muchachas (sin desdeñar por ello a los muchachos) y diezma a su grey con un cinismo francamente bancario.Por todo esto, por el ocaso de los dioses, como diría Nietzsche, no creo que Francisco haga mayor cosa. Su pontificado puede superar la gestión de Benedicto, sin duda, pero no igualará nunca la de Juan Pablo II.P.D.: La Sala Constitucional del Tribunal Superior de Cali ratificó en fallo de segunda instancia la sentencia que en mi favor, y en contra de Ubeimar Delgado, profirió el Juzgado Doce Penal del Circuito de Cali. Vuelven a fracasar los viles propósitos del príncipe gris. A la juez Yolanda Arboleda, a la magistrada Socorro Mora y a mi muy agudo defensor, Juan José Saavedra, gratitud imperecedera por su trabajo en pro de la Justicia y la libertad de expresión. Al príncipe, que lo espero, inerme y sin rencor, en la Corte Constitucional.

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