El maletín de Obama

El maletín de Obama

Abril 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Las opiniones de los reporteros sobre la Cumbre de las Américas están divididas: unos dicen que servirá para lo que sirven todas las “cumbres” y otros dicen que sirvió para admirar la elegante primera dama de Panamá. Tal vez por esto, por estar mirando a la señora, no vieron a un hombre que estuvo siempre cerca de Obama. Nunca pierde contacto visual con el Presidente. Su misión es cargar un portafolio de cuero negro idéntico a los millones de portafolios negros que se bambolean por el mundo, pero su contenido es muy singular: allí está el gatillo de los misiles nucleares de los Estados Unidos. Es un teléfono satelital plateado que comunica al Presidente con el Puesto de Mando Subterráneo en Nebraska, una pequeña fortaleza de hormigón situada a 32 metros de profundidad y capaz de resistir un impacto de cinco megatones, esto es, 300 veces más potente que la bomba que borró a Hiroshima. Allí pasan los días y los años, esperando la llamada del Presidente, los hombres más equilibrados del mundo. Cuando ese momento llegue, uno de ellos (trabajan en turnos de tres hombres) hará girar una llave de bronce y la sostendrá en la posición on durante dos segundos. Una luz fucsia se encenderá entonces en dos paneles de control del mismo salón, y esta será la señal para que los otros dos hombres hagan girar sus llaves (el mecanismo es resortado: si se suelta, la llave vuelve a off. Esto garantiza que una sola persona no pueda operar el sistema). Segundos después un misil con ojivas termonucleares será disparado desde la base militar más cercana al objetivo, y unos minutos más tarde una montaña, un valle o una ciudad desaparecerá del mapa. Nota: en las profundidades de Nebraska, “equilibrado” significa ecuánime, de buen humor, sin delirios de ningún tipo y capaz de exterminar millones de personas cuando el Presidente diga ¡Fuego!, mientras que “inestable” sería el que decidiera matarlos motu proprio… o quien se niegue a hacerlo cuando la orden llegue.Si Obama muere en medio de un ataque nuclear, el relevo del mando seguirá la siguiente escala: primero el Secretario de Estado John Kerry, segundo el Secretario de Defensa Aston Carter, y tercera la Secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano. Estas tres personas no pueden viajar nunca en el mismo vehículo, ni coincidir en una misma ciudad, con el Presidente de los Estados Unidos.Bueno, al menos esto es lo que dice Ron Rosembaun (The subterranean world of the bomb) pero quizá el verdadero gatillo del fin del mundo esté en poder de algunos generales veteranos, de esos que han enterrado varios presidentes, consideran suyos los misiles, Nebraska, el mundo... Íntimamente, desprecian a los civiles y están convencidos de que las ojivas son demasiado delicadas para dejarlas en manos de políticos. Quizá temen que los Estados Unidos sean fulminados mientras el Congreso delibera sobre la conveniencia de disparar o abstenerse.El portafolio negro sería entonces un inofensivo símbolo del poder, como la corona de la reina Isabel, digamos. Quizá por eso los generales nunca le quitaron el portafolio a Nixon, ni siquiera en medio de la depresión que sufrió en el caso Watergate; ni les molestó que lo llevara a todas partes el nervioso y timorato G. W. Bush, así como los generales rusos no se molestaron cuando lo cargaba un señor tan enfermo como Leonid Breznev ni un borracho como Boris Yeltsin, ni ahora, cuando lo carga un picapleitos folclórico como Putin.

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