El islam y Carla

Septiembre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La semana pasada un grupo de artistas femeninas, entre las que estaban Isabelle Adjani y Carla Bruni, envió una carta pública de apoyo a Sakineh Mohammad Ashtiani, la iraní que purga cárcel desde 2005 acusada de adulterio y de complicidad en el asesinato de su marido, y cuya sentencia a muerte por lapidación ha sido aplazada por la protesta del mundo.Lógicamente, la teocracia iraní reaccionó con tres piedras en la mano y tituló a ocho columnas en uno de sus periódicos: “Prostitutas francesas se suman al alboroto por derechos humanos”. Es una reacción comprensible. La lapidación de las adúlteras en las calles de Irán es una operación tan rutinaria que los ayatolas no pueden entender semejante alboroto. Para el adulterio masculino, en cambio, ni siquiera existe en la lengua persa una palabra que lo nombre. Tener varias mujeres es una costumbre bendecida en el Corán. Lo instituyó Mahoma un día que, alarmado por la promiscuidad de los árabes, escribió una sura limitando a cuatro el número de mujeres que un hombre podía tener. Pero al instante, quizá preocupado por la indefensión de millones de mujeres, corrigió: “O las que su condición le permita sostener”. Es decir, cuatro es la dosis del pobre diablo, una suerte de salario mínimo musulmán.El artículo del periódico que se centra en Carla Bruni, cita una famosa declaración suya: “La pasión dura tres semanas”, y la acusa de haber desbaratado el matrimonio de Sarkozy y de sostener amoríos con un cantante en la primera cama de Francia. Nada de esto ha tenido eco entre los franceses, un pueblo curado de espantos y donde nadie pone el grito al cielo por unos pinches cuernos.¿Por qué llamarla puta francesa? Supongo que en Irán la expresión funciona como un pleonasmo, una redundancia enfática, una forma de decirle tetra zorra porque, no contenta con ser una mujer liberal, se casó con un extranjero. De manera que para los musulmanes Carla (perdón por la confianza) es una blasfema bilingüe, una golfa internacional, una perra schengen, el popis del detritus de la escoria del pecado.El mejor comentario sobre el caso lo leí en el blog Monología: “Tiene razón el gobierno iraní. La Bruni es, evidentemente, una hermosa puta enviada por Satán a distraer a los gobernantes sabios con sus ojazos y su voz, y a embrujar a nuestros soldados con el insoportable contoneo de ese cuerpazo diabólico, para que se olviden de las bellas huríes que los esperan en el Cielo, cuando mueran en la batalla contra el demonio judío y sus cómplices de Occidente. Pero recuerden, hermanos, que acá no hay nada, sólo viejas inservibles y algunas niñas impúberes creadas por el Altísimo para el goce de los creyentes. ¡Alá es grande! ¡Muerte a las putas!”.Ayer le pregunté a un señor iraní muy culto y sensible, de esos que se conmueven cuando ven un perro callejero, cómo era posible que en la cuna de la civilización y Las mil y una noches sobrevivieran aún costumbres tan bárbaras. Me dijo que era algo muy difícil de entender para un occidental. Supuse que era una invitación a cambiar de tema, y así lo hice. De todas maneras yo no iba a entender las razones de esa ignominia. El señor tenía razón. Es un tema duro de roer, como una roca.

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