El huevo y el arcoíris

Octubre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hace 400 millones de años se produjo un invento de los que hacen época. Gracias al huevo amniótico los primeros anfibios pudieron abandonar los mares y los ríos y conquistar la tierra (algunos románticos, como el cocodrilo, se quedaron holgazaneando en el agua). Nosotros descendemos de esos primeros exploradores que optaron por vivir en lo seco, en este otro mar, la atmósfera, pero no podemos alejarnos mucho del agua, nunca más allá de unas cuantas horas. En el fondo, somos peces bípedos.Yo descubrí el huevo ayer, en una conferencia sobre el agua de Pedro Luis Barco, una autoridad latinoamericana en fluidos. Barco (sus amigos le decimos Acuamán) resume el problema así. El agua se maneja a veces con las patas y siempre con avaricia (aquí Barco baja la voz. Teme que los azucareros, los ganaderos, los mineros, los industriales, los constructores y los políticos lo evaporen del mapa). El 80% del agua de Cali se toma en la parte más baja y contaminada del río Cauca, en Puerto Mallarino, a 950 metros sobre el nivel del mar, y justamente después de que recibe las miles de toneladas de los desechos industriales y orgánicos de Navarro y del Canal CVC-Sur.El otro 20% se toma de pequeños ríos: Cali, Meléndez y Pance.La primera planta de tratamiento fue la de San Antonio, que funciona por gravedad y abasteció las necesidades de la población hasta cuando la ciudad descendió de las colinas y se desparramó por la planicie.El gran error histórico fue la construcción, contra la gravedad, de la planta del río Cauca (1955). En el mismo año se construyó el Canal CVC-Sur y luego, en 1960, el Jarillón del río Cauca, ambos ideados para desecar las tierras del dominio del río y dedicarlas a la explotación agrícola. Los sabios concluyeron que el mundo estaba mal hecho y ellos debían corregir el orden que la naturaleza había labrado durante miles de millones de años. Ahora, para mitigar los peligros del Jarillón y el reasentamiento de sus habitantes, hay que invertir $1,3 billones. Para cerrar esta diarrea de genialidades, en 1978 se construyó la planta de Puerto Mallarino aguas abajo del ‘Basuro’ y del Canal.La solución, piensa Barco, es la construcción de un acueducto y una planta de tratamiento en la parte alta de la ciudad, alimentado por los 670 millones de toneladas de agua pura de la represa de Salvajina, suficiente para resolver las necesidades de Cali y de la región. Resolvería, por ejemplo, la demanda de agua de las futuras zonas industriales de Palmira, Yumbo, Candelaria y Jamundí. Salvajina está a escasos 65 km de Cali y solo se utiliza para la generación de energía eléctrica.Así, Cali tendría más agua y de mejor calidad; los ríos Cali, Meléndez y Pance serían exhumados de su sepultura, el Canal CVC-Sur, y alegrarían el paisaje urbano; las plantas de tratamiento de la parte baja pueden reconvertirse en dos Ptar y el río Cauca recuperaría la fuerza y la belleza que conoció a principios del siglo pasado.Esta es la propuesta de Barco. Desde mis hondas limitaciones en el tema, la encuentro coherente.Ojalá tenga eco. Se nos está acabando el tiempo de tomar correctivos. No está de más recordar que sin agua no hay vino, ni pan, ni huevos, ni pájaros, ni arcoíris. Ni nada. PD: Proartes, la Editorial Cangrejo de Méjico y el Taller de Escritura Comfandi anuncian que el lanzamiento del libro Mujeres de Macondo, de Florencia Buenaventura, se postergó para la noche del 20 de octubre.

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